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Todo igual, otro país Juan Fernando Cordero jfcordero@nacion.com ¿Le ha ocurrido a usted, paciente lector, que un día se despierta y siente que está en otro país?A veces sucede al dormirse viendo una cadena presidencial. Medio recobra usted la conciencia un rato después, cuando ya ha empezado Cinema del domingo, y cree que lo que lo arrulló fue un sueño. Entonces empieza uno a tratar de recordar cuál fue la última noticia sobre la circulación de los camiones cisterna y de los tráileres por las vías nacionales y los horarios en que están obligados a hacerlo, así como de los sitios en que los taxis deben bajar o recoger pasajeros. Cree estar seguro de que el Ministerio de Obras Públicas y Transportes o alguna otra entidad pública, de las tantas que existen, no solo regularon ese delicado tema, en beneficio de la colectividad, sino que están vigilantes de su acatamiento y atentos a sancionar cualquier violación de la ley. ¿Para qué, si no, pagamos impuestos? Sí. Estamos seguros de haber leído que los camiones cisterna tienen horarios y rutas reguladas. Ese vehículo cisterna, pues, lleno de rótulos de advertencia sobre la peligrosidad de su contenido, que atraviesa alegremente a las 10 de la mañana una populosa ciudad, tiene que ser un espejismo. Al igual que la fila de tráileres que se ve cruzar por la Valencia y avanzar pomposamente por Santo Domingo de Heredia, bajar hacia el Virilla, subir hasta Tibás y seguir haciendo valer su tamaño por barrios y vías secundarias (entre ellos los que traen el papel a este diario), con frecuencia arrancando cables, todos los días y a cualquier hora. Tiene que ser otro espejismo. No nos extrañemos, por tanto, de que el taxista suba gente y baje bolsas y sacos parado en media cuadra o exactamente en la intersección o justo donde le hagan una señal, indiferente por completo a cuanto lo rodea y a las obstrucciones que pueda estar causando. E impune. Cuando ya nos habíamos tranquilizado porque los cisternas no pondrían en peligro nuestras vidas movilizándose a horas inadecuadas y por sitios indebidos, la palabra 'combustible' en las narices de miles de personas nos recuerda lo equivocados que estábamos. Cuando ya nos habíamos resignado a que los tráileres eran los amos de las autopistas, nos enseñan la trompa y sus 18 llantas en cualquier semáforo o cruce de tránsito liviano. Realmente, si al despertar todo es igual, uno tiene que estar en otro país.
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