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En Guardia Jorge Guardia jguardia@nacion.com Salió, al fin, el programa de gobierno del Movimiento Libertario: La hora de actuar. Tiene fortalezas y debilidades, como otros, pero se distingue en algo básico: su visión política es muy singular, distinta de las demás. Para comprenderla, es obligatorio leer la Reflexión inicial, suscrita por Otto Guevara. Ahí se condensa su visión del mundo. El fin -dice- es rescatar al individuo perdido entre la ineficiencia y opresión estatal: el Estado al servicio del individuo y no a la inversa. La suma de seres satisfechos hace que la sociedad, como un todo, sea más próspera y feliz. Las ideologías de centro izquierda, en cambio, cavan su trinchera en el bienestar de la sociedad: si ella es feliz, él también lo será (aunque sea de rebote). De ahí surgen el diagnóstico y la curación. Acusa al PLN y PUSC de propiciar un Estado grande, desordenado e intervensionista que ha producido inflación, devaluación, pobreza, desempleo, endeudamiento y bajo crecimiento económico, y ha descuidado la educación, salud, infraestructura y seguridad por tratar de ser el único proveedor. Ahí hay desperdicio, ineficiencia y opresión. Pero su crítica más acerba, a mi juicio, es que exigen más impuestos para seguir despilfarrándolos en "más de lo mismo". La solución libertaria es restaurar la libertad. "Donde hay permiso, hay chorizo". Al individuo corresponde el derecho de innovar, edificar y generar empleo y riqueza, sin trabas legales. Pero que asuma su propia responsabilidad. Nada de pedir subsidios, protección ni lloriqueos, ni recurrir a papá Estado cada vez que llueva o brille el sol. Para ser eficiente, un gobierno no necesita excesiva burocracia ni aumentar la carga tributaria; basta con cánones pagados directamente al concesionario, según el principio del beneficio, para dar los mismos servicios públicos, con mayor celeridad. Esa distinción es clave para desmentir a quienes los acusan de querer desmantelar el Estado. Veo, sí, una contradicción (o flexibilidad, según prefiera) y una gran debilidad, motivadas por el cálculo político. No pretende privatizar el ICE, INS, la educación o salud, ni los bancos del Estado (deberán competir abiertamente), y poca profundidad de las reformas. A veces, se quedan en simples enunciados, sin entrar en detalles. Y el diablo está en los detalles. Enfrenta, además, un reto colosal: en América Latina, el péndulo va, veloz, hacia la izquierda por el desconcierto con las reformas y la poca habilidad de la derecha en explicar las fallas del modelo liberal y la necesidad de profundizar las reformas. ¿A cuántos electores lograrán persuadir los libertarios? Ya pronto se sabrá.
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