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Solidaridad versus polarización Andrés Gazel Pacheco andresgazel@hotmail.com La mayoría de los costarricenses coincidimos en que la educación, la salud y la seguridad son prioridades del Estado. Pero en las últimas décadas hemos visto cómo han decaído en calidad, alcance y cobertura. Las familias con suficientes recursos han migrado a los servicios privados y hoy tenemos muchas instituciones educativas, clínicas, hospitales y vigilancia privados. Si los servicios públicos no se hubiesen estancado y deteriorado, no se necesitaría contratar servicios privados. Si la fuerza policial fuera suficiente en cantidad y calidad, pudiendo actuar de forma preventiva, apostaría que la necesidad de contratar servicios de seguridad privada en los barrios disminuiría marcadamente. Lo mismo pasaría con la educación y la salud. Después de todo, hace pocas décadas era común que niños descalzos estudiaran pupitre de por medio con los hijos de grandes empresarios, políticos e intelectuales. Lo que no siempre tomamos en cuenta es que estos servicios privados se pueden ver como impuestos disfrazados y adicionales para las familias que sí pueden utilizarlos. Si sumamos el costo de la educación, la salud y la seguridad privada, representa una buena parte de los recursos de muchas familias. Mejores oportunidades.Si estas familias estuvieran canalizando parcialmente estos recursos a una mayor recaudación tributaria, la posibilidad de que el Estado mantuviera buenos índices de calidad en estos servicios aumentaría considerablemente. Los nuevos recursos permitirían mejorar el alcance, la cobertura y la calidad de estos servicios a toda la población. Más importante aún es que quienes menos tienen tendrían más y mejor acceso a estos servicios, necesarios para alcanzar y lograr mejores oportunidades, especialmente cuando hablamos de educación. Estas diferencias entre los servicios públicos y privados han ido creado una nación polarizada, donde los que menos tienen están cada vez más aislados e ignorados. La solidaridad del costarricense ha ido desapareciendo y más bien opacándose ante el derroche y el exhibicionismo de muchos. La carga tributaria actual (como porcentaje del producto interno bruto) es baja y resulta incapaz de permitir las inversiones necesarias para poder mejorar los servicios públicos. Es necesario modernizar y fortalecer el sistema tributario, mejorar la recaudación e incorporar nuevos impuestos, entre ellos el impuesto al valor agregado a los servicios, una necesidad justa e imperante, en especial cuando nuestra economía se ha ido transformando en una economía de servicios. Transformar y modernizar. Es contundente que el Estado requiere mayor eficiencia y una real transformación. El país pide liderazgo para replantarse el futuro así como el papel de sus múltiples y, en muchos casos, duplicadas instituciones. De la mano de una mayor y mejor recaudación tributaria debe venir esta transformación y modernización del Estado. No podemos pretender vivir en armonía cuando uno de cada cinco costarricenses está bajo el nivel de la pobreza. Debemos tomar conciencia de esta realidad y volver a despertar los principios de solidaridad en nuestra sociedad. Debemos invertir más para combatir las causas de la pobreza. De lo contrario, ¿hasta cuándo podremos vivir en paz en un país que se polariza cada día más?
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