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EDITORIAL

Festejos deslucidos

La víctima de este fracaso ha sido el Hospicio de Huérfanos, al que se le deben ¢100 millones de los últimos cinco festejos


Las fiestas populares de San José o, tropológicamente, las fiestas de Zapote, del año pasado, con prolongación a los primeros días del 2006, fueron, según los entendidos y los visitantes, un fracaso. Mejor dicho, las rutinarias fallas de años anteriores culminaron en este. Pareciera que se impone una revisión a fondo de estos festejos para que, en verdad, correspondan a sus propósitos: sana diversión, financiamiento real -no escamoteado- del Hospicio de Huérfanos, variedad, eficiencia, sentido familiar y, ¿por qué no?, expresión de la cultura nacional.

Los festejos fueron, en esta oportunidad, deslucidos, desordenados, costosos y distantes del pueblo, efecto de un mal planeamiento, si es que este existió; de la carencia de nuevas atracciones, de falta de publicidad y de la frustración de las corridas de toros y de los fuegos artificiales. Fueron, como se dijo, un mal turno y no los festejos de la capital. La víctima volvió a ser, como en los últimos cinco años, el Hospicio de Huérfanos. Si, cuando los ingresos fueron mayores, no llegaron a las arcas -siempre vacías- de esta entidad los recursos de rigor, el fracaso de las fiestas, en esta ocasión, y los supuestos magros ingresos serán sin duda un nuevo pretexto para perjudicar a los huérfanos. De acuerdo con el presidente de la Comisión de Festejos Populares, José Mark, estos deberían producir unos ¢500 millones. Para este año se calculó una ganancia de ¢253 millones. Sin embargo, el monto real podría ser, quizás, de ¢30 millones. El fracaso está a la vista.

Estos festejos requieren, como expresamos, una revisión radical, que corresponde a la Municipalidad de San José. La responsabilidad del municipio capitalino no debe ceñirse al nombramiento de una comisión, que ha fracasado. Dos aspectos merecen especial atención: el planeamiento y objetivos, y el financiamiento del Hospicio de Huérfanos. En cuanto a lo primero, los festejos populares de San José deben romper la rutina y el mal gusto que los ha caracterizado por muchos años para que, en verdad, sean atractivos y una expresión de la cultura nacional. Lo popular no riñe con el buen gusto, con la cultura, con el orden, el respeto, la variedad y la aplicación de principios administrativos elementales. Por el contrario, como nos lo enseña la tradición de otros países, deben ser, precisamente por su condición de populares, una oferta de calidad.

Debe ponérsele término, asimismo, a la burla que estos festejos representan para el Hospicio de Huérfanos, manifestación inequívoca de la forma ineficiente con que se planifican. Si no se respeta este objetivo social, ¿qué se va a respetar? El hecho de que se le adeuden a dicho hospicio ¢100 millones, por concepto de dinero atrasado en los últimos cinco años, por cuanto los ingresos reportados a la Contraloría no son reales, diagnostica cabalmente lo que ocurre en estas comisiones y la forma como se procede en estos festejos. Sorprende que, en cinco años, no se haya hecho luz en las cuentas de las comisiones de festejos. Ahí están como punto de comparación las fiestas de Palmares. No hay razón alguna para que las comisiones de festejos de San José se rijan por prácticas muy diferentes de las observadas en este cantón alajuelense.

San José, en fin, merece otros festejos populares. El primer paso para los años que vienen, es, además de dar razón cabal del dinero hasta hoy esfumado, propiedad del Hospicio de Huérfanos, es reformar la integración de la Comisión de Festejos Populares y, a partir de su experiencia y formación, planificar estas fiestas con otros criterios y objetivos, dignos de la capital y de las expectativas populares.

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