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Metales pesados y radioactivos amenazan biología en el Pacífico Oceanógrafos y biólogos temen afectación en peces, algas y moluscosProblema es derivado de un mal manejo de desechos en cuencas de ríos Vanessa Loaiza N. vloaiza@nacion.com La riqueza biológica del océano Pacífico costarricense, con sus moluscos, algas, corales y peces, está amenazada por concentraciones moderadas y altas de plomo, hierro, cobre, zinc y metales radiactivos. Oceanógrafos y biólogos coinciden en que la presencia de metales pesados en las aguas costeras podría afectar y hasta reducir las poblaciones de una gran cantidad de especies marinas, que sirven de alimento para los seres humanos y atraen a millares de turistas cada año.
Datos recopilados por la bióloga María Luisa Fournier para el XI informe Estado de la nación demostraron que existen concentraciones altas de cobre, plomo, hierro y zinc en las aguas de la bahía de Golfito. Esta, en el Pacífico sur, también se halla muy expuesta a gran cantidad de hidrocarburos que son descargados por lanchas pesqueras y de recreo. Los datos de los especialistas Omar Lizano y Eric Alfaro también revelaron que hay concentraciones moderadas de metales pesados en el golfo de Nicoya, en el pacífico Central. El área bioproductiva más grande del país sufre, además, por el vertido de aguas negras y otras sustancias tóxicas. Solo en el estero de Puntarenas, el oceanógrafo Guillermo Quirós reportó 14 desagües ilegales de aguas servidas y desechos provenientes de viviendas, hoteles y empacadoras de pescado.
A esto se añade que en 10 kilómetros de la costa porteña hay decenas de lugares donde se construyen barcos y sus trabajadores vierten al mar resinas epóxicas y fibra de vidrio; ambos materiales tardan siglos en descomponerse. El otro punto evaluado fue bahía Culebra, en el Pacífico norte, donde afortunadamente las mediciones demuestran que es una de las zonas costeras más limpias del país. Sin embargo, nuevos hoteles y una eventual marina en la zona podrían alterar las condiciones de esta bahía rica en corales, advirtió el XI informe Estado de la nación. Otros investigadores citados en el documento también tomaron muestras del agua en Moín -en el Caribe- y ahí se reportaron concentraciones altas de plomo, las cuales se atribuyeron a la cercanía de la refinería de petróleo. La ventaja en Moín es que existe una fuerte corriente marina que dispersa las partículas y los residuos de hidrocarburos.
Efectos. El salubrista Darner Mora explicó que estos metales pesados son ingeridos por los peces y los moluscos, y luego pasan directamente al organismo de los humanos. En el caso del plomo, altas concentraciones de este metal pueden provocar una enfermedad que se conoce como saturnismo, que ataca los glóbulos rojos, provoca cansancio y problemas nerviosos. Guillermo Quirós agregó que la ingesta prolongada e involuntaria de estos metales también puede provocar, a largo plazo, tumores, problemas de la vista y afectación del sistema nervioso. En cuanto a los peces que consumen sedimentos cargados de metales, el daño se manifiesta en dificultades respiratorias, muerte por asfixia o envenenamiento. Estudios del oceanógrafo Omar Lizano también detectaron cesio radioactivo en la desembocadura del río Tárcoles, en el cantón de Garabito. Puntarenas. También encontraron Potasio 40 a la salida del río Tivives, en Caldera. Ambos son materiales que se utilizan para irradiar alimentos o medicamentos y hacerlos inocuos al ser humano. Su aparición en aguas costeras demuestra que existen industrias en el área metropolitana que están vertiendo desechos radioactivos a las cuencas.
Persiste alerta por mareas rojas Vanessa Loaiza N. vloaiza@nacion.com Las mareas rojas son otro tipo de alteración marina que obliga a las autoridades costarricenses a mantener la prohibición de consumir moluscos. Si bien en este momento no hay marea roja en aguas nacionales, el Instituto Costarricense de Pesca y Acuicultura (Incopesca) mantiene la prohibición de venta y consumo de grandes moluscos como el ostión vaca, la barba de hacha y la concha perla. Ana Lorena Salas, de Incopesca, reconoció que las recientes mareas rojas en Nicaragua y El Salvador obligaron a las autoridades ticas a adoptar medidas preventivas. Entre ellas se le recomienda a la población que no consuma este tipo de ostras o bivalvos. ¿Qué es? La marea roja es un aumento en la concentración de microorganismos marinos llamados dinoflagelados, que producen toxinas. Estas se concentran en las algas, que después consumen los moluscos. Los moluscos son como filtros de esa toxina y la almacenan en grandes cantidades. Por eso, quienes consumen moluscos se intoxican. La intoxicación por marea roja produce adormecimiento de la boca, los labios y las extremidades (dedos de las manos y los pies). Los pacientes padecen de vómito, diarrea y dolores abdominales. También causa dificultades respiratorias que pueden obligar al uso de un respirador artificial. Si la intoxicación es severa, puede causar la muerte. En el caso de Costa Rica, la mayoría de los moluscos que pueden enfermar a los humanos se extraen de la zona guanacasteca y de Tárcoles, Puntarenas. Por ahora, no está prohibido el consumo de moluscos más pequeños como piangua, almejas y mejillones. Ana Lorena Salas recalcó que la veda es "preventiva", porque los últimos análisis del Laboratorio de Fitoplancton Marino de la Universidad Nacional, en Puntarenas, no revelaron la presencia de dinoflagelados en las muestras tomadas en el golfo de Nicoya y Guanacaste.
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