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Una terca, insensible realidad Es hora de ofrecer grandes visiones, no de perpetuar viejas supersticionesVelia Govaere Vicarioli La realidad es insensible con nuestras tradiciones. Es poco patriótica, pero exige respeto y debemos mirarla de frente. No es democrática ni respeta las encuestas. Articula los problemas del país en un orden de importancia que es impasible con nuestros mitos. Después de cuatro gobiernos que nos dijeron lo que queríamos oír, no se puede dejar que lean encuestas y hagan campaña reproduciendo ficciones políticas de los electores. Nuevos brujos de viejos dogmas conjuran monopolios estatales anacrónicos o siguen el fácil camino de más de lo mismo: un Estado benefactor que crea dependencia, un Gobierno frugal con salarios que hacen perder competitividad, más seguridad ciudadana, pero sin policías porque no hay como pagarlos, menos corrupción con más leyes y procedimientos, para hacer todavía más complicado invertir en Costa Rica. Pero el peso de la falacia es tan grande que hasta quienes encaran los sofismas tienen que mostrar respeto a la confusión popularizada. ¡Uyuyuy, bajura! Porfiada realidad. La pobreza se combate creando riqueza, la riqueza nace de la producción, la producción depende mucho del acceso que tengan nuestros productos a los mercados internacionales y de poder atraer inversiones extranjeras. Así de porfiada es nuestra realidad. No tenemos petróleo, nuestros recursos son muy limitados, la inversión nacional está saturada. Nuevos caudales solo pueden venir de la relación con el mundo globalizado. Esa es la piedra angular del desarrollo. Ahí descansa la creación de empleo, el aumento de riqueza para mejorar los ingresos de todos, para llenar la brecha fiscal y tener para policías, viviendas, educación y salud. Esa es la terca realidad: Costa Rica produce para el mundo. Las campanas doblan por el entierro de la Iniciativa de Cuenca del Caribe y, sin ella, estaríamos ante la inminencia de una auténtica catástrofe, si no ratificamos el Tratado de Libre Comercio Centroamérica y República Dominicana- Estados Unidos (DR-CAFTA por las siglas en inglés). El tiempo de concesiones unilaterales tocó a su fin. ¿Nos vamos también a tragar el cuento de que hay candidatos que van a renegociar el DR-CAFTA? ¡Por favor! "Quousque tandem abutere patientia nostra?". Digamos la verdad. Costa Rica va a entrar al DR-CAFTA, así, como fue negociado. Cuando entremos será por la cola, porque no se quiso enfrentar escrúpulos nacionalistas absurdos. Se prefirió estar quedito para no hacer olas. Esperar que se aclaren los nublados del día pudo ser apropiado alguna vez, pero se está convirtiendo en auténtico vicio nacional. Perdimos la posición de liderazgo que teníamos en Centroamérica. El equipo negociador de Costa Rica, inspiración para los colegas centroamericanos, fue desarticulado y perseguido. Comex, otrora ejemplo de calidad y capacidad, ha sido diezmado; su mejor personal, perseguido; su capital humano institucional, empobrecido. El DR- CAFTA no es perfecto, pero es el mejor tratado que pudimos negociar porque teníamos el mejor equipo negociador de Centroamérica. Así lo reconocen ministros de Comercio Exterior y así lo piensa la Organización Mundial de Comercio, que nombró a Anabel González su directora de Agricultura, el puesto más alto para un costarricense después de la malograda elección de don Miguel Ángel Rodríguez en la OEA. Y nadie le hizo cabildeo internacional. Simplemente se valió por sí misma, como profesional capaz, con criterios propios y que se abstiene de bailar al son de cada moda política. Así lo reconocen inclusive sus detractores. Noblesse oblige, pero no en la política criolla, donde lo decisivo es tener flexibilidad cervical. Hablemos de Comercio Exterior para que nuestros mejores especialistas regresen, que nuestros profesionales sientan que tienen todavía un futuro en Costa Rica. Es muy triste que otras tierras aprovechen las capacidades que se forjaron en Costa Rica, en una institucionalidad que llevó más de 20 años construir y ahora se tira por la borda. Es momento para ofrecer grandes visiones, no para perpetuar viejas supersticiones.
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