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Vergara al rescate Armando González agonzalez@nacion.com La administración, los jugadores y el cuerpo técnico del Deportivo Saprissa están a disgusto con las informaciones del periódico Al Día. En represalia, tomaron monstruosas medidas para entorpecerle la labor informativa. Primero, decidieron negarse a dar declaraciones, y están en todo su derecho. Luego, limitaron el acceso de los periodistas al estadio, pero la legitimidad de esa medida es muy discutible. Por último, publicaron una carta, casi incomprensible, en que parecen negarle al periódico el derecho a publicar ciertas fotografías y reproducir declaraciones tomadas de otros medios. Los saprissistas alegan derechos derivados de la propiedad privada para negar a los periodistas de Al Día acceso a las zonas de prensa y, durante las prácticas, les prohíben del todo el ingreso al estadio. Nadie niega el derecho del equipo a regular, en general, el acceso a sus instalaciones, pero es cosa muy distinta la discriminación diseñada para coartar la libertad de expresión de un medio determinado. La propiedad privada no es un derecho irrestricto y la ley no permite su ejercicio abusivo. Así lo comprobará el propietario de un establecimiento abierto al público que intente limitar el ingreso por razón de nacionalidad, raza o religión. La confusión de los saprissistas se hace mucho más evidente al considerar las pretensiones de su carta. La Corte Interamericana de Derechos Humanos acaba de sentenciar que la reproducción fiel de declaraciones ya integradas al dominio público exime a quien las reproduce de responsabilidad penal. Si la Corte otorga a esa práctica una protección tan extensa, ¿cómo piensan los saprissistas impedir que Al Día cite declaraciones brindadas a otros medios? El equipo también intenta restringir la publicación de fotos y declaraciones con base en el "derecho de imagen". Para los saprissistas, no hay diferencia entre la explotación comercial de la imagen y su uso con fines informativos. Si hicieran la distinción, sabrían que esto último goza de protección constitucional. La torpeza exhibida por el equipo es como para ponerse morado de vergüenza, pero de eso lo salvará su inteligente propietario, Jorge Vergara. Apenas supo lo ocurrido, el empresario mexicano desautorizó las represalias y reconoció el derecho de Al Día a publicar sin restricciones abusivas.
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