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PAC y la tercera república Debe evitarse cualquier sorpresa sobre el contenido de las alternativas políticasRodolfo Saborío Valverde Hace 4 años, cientos de miles de costarricenses depositaron en manos del PAC un enorme capital político que terminó siendo dilapidado, al punto de que el entusiasmo de las anteriores elecciones se transforma ahora en una fundada preocupación por los pasos constantes de esa agrupación hacia posiciones populistas y aislacionistas, al peor estilo de la nueva izquierda latinoamericana que campea por otros países de la región. Propuesta sindical y corporativa. La más difundida expresión de ese experimento populista en Costa Rica se hizo en el 2001, mediante la propuesta sindical conocida como Tercera República. Esta iniciativa ha sido apoyada en forma constante en esta página de opinión por el principal dirigente del PAC (vea artículos de 10/7/01, 23/10/01, 18/6/03, 26/9/03, 12/5/04 y 13/8/04) y consiste en un cuestionamiento severo del funcionamiento de nuestra democracia y la propuesta de una especie de conciliación entre las fuerzas empresariales y sindicales que, en el más arrebatado estilo corporativista, deben definir en conjunto las grandes pautas de la inversión, la producción y el desarrollo nacional. Por supuesto, la voz del pueblo la asumen los iluminados y vitalicios dirigentes sindicales, que tendrán la gran responsabilidad de liderar la construcción de esa nueva república ("bolivariana" sin lugar a dudas).
Del desencanto a más desencanto. El PAC nació como un movimiento plural y recogió en las pasadas elecciones el desencanto profundo con el bipartidismo atrofiado. De los 14 diputados que le confió la voluntad popular se alimentan ahora cuatro papeletas presidenciales. La gestión de esos 14 diputados se ha caracterizado por un caudal interminable de equívocos y contradicciones, unidos hasta el final, eso sí, por la oposición visceral al libre comercio con Estados Unidos, el apoyo a todo tipo de huelga, bloqueo o petición que hagan los sindicatos públicos, el rechazo a la inversión privada en las obras públicas y la total incapacidad para convertir en ley alguna de las promesas que hicieron a los ciudadanos cuando les pidieron sus votos. Se impuso la tercera república. No cabe duda de que, al final de cuentas, el proceso de búsqueda de un perfil propio del PAC lo llevó a consolidar esa afinidad que desde el 2001 lo había acercado a los propulsores de la tercera república y a perder el carácter plural que lo caracterizó en sus orígenes. Nuestro sistema garantiza el pleno derecho al funcionamiento de agrupaciones políticas de las más variadas tendencias ideológicas y, en esa medida, las presentes líneas no tienen el menor propósito de cuestionar la legitimidad que tienen los grupos sindicales y los seguidores del movimiento de la tercera república de organizarse en un partido político. Lo que debe evitarse es cualquier sorpresa sobre el verdadero contenido de las alternativas políticas en juego, de modo que se sepa a quién se apoya y qué se apoya. El peso de la tercera república en el PAC es tan fuerte que incluso en la página oficial de dicha agrupación se consigna que un candidato a diputado fue designado en forma directa (a dedo), por el candidato presidencial, por su "importante trabajo en el proceso de propuesta denominado Tercera República". Con estos antecedentes no es de extrañar que otro aspirante a diputado de ese movimiento encuentre la causa de los males institucionales de este país en "los grupos dominantes" (ponencia al congreso ideológico). En Venezuela, los ciudadanos resignados ante los desbordes populistas del chavismo, bromean diciendo que los cubanos que llegan a ese país están impulsados por la curiosidad de saber cómo empezaba la película. En Costa Rica, los electores podrían preferir no tener que asistir a ver siquiera los prólogos de esa película, por lo que al menos dejo planteada esta crónica para los buenos entendedores.
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