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Juegos de pantalla Armando Mayorga amayorga@nacion.com Algunos novedosos juguetes están creando una sociedad mucho más individualista. Son juguetes para disfrutar en soledad, que aíslan al niño de otros y le crean emociones con base en imágenes y sonidos que solo él observa o escucha. Hoy, quizás, no le damos mucha importancia a sus efectos, pero en el futuro tendremos que pagar las consecuencias. Estos aparatos, por ahora, están fomentando una sociedad más sedentaria pues estimulan a los pequeños a entretenerse en el mundo de ficción que se proyecta en una pantalla o micropantalla, antes que impulsarlo a recrearse en un ambiente sano. Si el 58% de los costarricenses padece hoy de sobrepeso y solo el 25% practica un deporte regularmente, no es de extrañar que Costa Rica avance con celeridad al peligroso 65% de obesos que preocupa tanto al sistema de salud estadounidense. Otro grave efecto de estos aparatos es la forma en que desestimulan la comunicación al imbuir a los pequeños con personajes ajenos a la realidad, a nuestra sociedad, o al generarles héroes y antihéroes que los absorben de una conversación relevante para la vida hogareña o para la superación personal. Esos juegos llevan al niño a "divertirse" más con sus amigos de una micropantalla que con sus amigos de carne y hueso o con parientes. Las consecuencias serán personas con dificultades para trabajar en equipo, integrarse a grupos o afrontar retos en conjunto, en un mundo donde el individualista lleva las de perder. Escribo de esto porque hace dos días me sorprendió ver a tres niños "jugando" sentados en un sofá, cada uno con un videojuego en las manos (más pequeño que el empaque de un CD). Así disfrutaban su tiempo "juntos". Cada uno vivía emociones diferentes; gritaba, solitario, al vencer a un personaje ficticio, y se ufanaba de las 200 ó más horas que llevaba acumuladas en ese juego u otros juegos. Ya casi son (o son) "videoadictos". Allí está el problema: no en el uso, sino en la falta de límites para operar estos juegos. Muchas veces, por no tener a un hijo brincando de un lado a otro en la casa, o "aburrido" por falta de amigos o qué hacer, se lo entregamos a una micropantalla... En estos días de vacaciones, cuando entretenerlos es complicado mientras se trabaja, ojalá les pongamos límites y los obliguemos a buscar opciones más saludables para pasar su tiempo y desarrollar su personalidad.
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