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La Costa Rica posible Un período para vivir entre los dolores de parto y la esperanza de un futuro mejorJorge Á. Jiménez Elizondo jorge_j_e@yahoo.com Costa Rica, país cuya defensa son las palabras y no las balas y cuyo escudo infranqueable es el diálogo, hace de sus habitantes personas con ideales más altos que la invasión y el poderío, nos hace más reflexivos y hace que nos conmueva la hermandad. Este panorama, ya de por sí reconocido en el mundo, nos deja en la disposición de hacer buenas alianzas y de aprender de ellas, para así forjar Costa Rica a nuestra manera, con el enorme mensaje de paz que tenemos. El país cuenta hoy con los recursos para salir del subdesarrollo, pero no con conocimiento ni experiencia. Costa Rica se ha venido abriendo desde hace años al mercado mundial. El tan mencionado TLC es solo un paso más de muchos que se han dado y que se darán en la trayectoria que hemos escogido. Muchas y grandes empresas, movidas por razones que van más allá de la apertura de las barreras arancelarias, han incursionado en el país y nos espera un futuro con varios sabores. Debemos reconocer que la industria y el comercio ticos se han caracterizado, en su mayoría, por la falta de proyección y el desorden. Aquellos que han surgido por encima de otros lo han hecho gracias a la persistencia, en una escuela llena de tropiezos. El tener alianzas que nos enseñen de sus propios errores y de sus aciertos nos ahorraría un caminar largo y tortuoso. Bienestar general. Numerosas empresas transnacionales ya han venido y reclutan gente joven, que se ha venido preparando con herramientas adicionales como idiomas y computación. Sabiendo aprovechar todo el conocimiento de estas empresas, que se está siendo depositado en las mentes de miles de jóvenes, Costa Rica se podría beneficiar mucho y podría ver frutos en un futuro de mediano plazo. Para que esto se convierta en una realidad, debemos ver la oportunidad proyectada hacia el bienestar del país y no solo al bienestar individual. Aun así no podemos evadir una la realidad amarga de miles de costarricenses cuyas situaciones desventajosas en el pasado o simples decisiones desatinadas han provocado su exclusión de la masa trabajadora. Probablemente, si no se refuerza marcadamente el sistema institucional, esta población se verá afectada y tendrá que buscar formas alternas de subsistencia; la desigualdad social y la delincuencia aumentarán. Aun así, sería parte del sendero por el que hemos escogido caminar, no por ser malo o bueno, dejando de lado antagonismos, sino como una etapa de transición, como un parto donde tenemos dolores transitorios que nos agobian y sentimientos de esperanza por lo que nos depara el futuro.
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