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En Guardia Jorge Guardia Quirós jguardia@nacion.com El 2006 será crucial para Latinoamérica. Habrá cambiado el 70% de los gobiernos, con un giro mayoritario a la izquierda y un claro distanciamiento del polo capitalista del norte. Antes de finalizar el año, se librará un combate definitivo entre el populismo y la profundización de las reformas de los noventas. ¿Se repetirá la vieja historia del péndulo? Por años, el populismo campeó y produjo resultados tristes en inflación, devaluación y crecimiento. ¿Recuerdan? Luego, en los noventas, hubo un viraje hacia la economía liberal de mercado, arropado con promesas de mejorar la economía y bienestar para todos. Pero no se cumplió a cabalidad. Los electores reaccionaron y están a reventar. Según el Latinobarómetro, la mayoría está decepcionada, piensa que la expansión fue sesgada y no logró abatir la pobreza, se deterioró la distribución del ingreso, creció la corrupción y, por tanto, el péndulo debe girar de nuevo hacia la izquierda. Es cierto: la pobreza corrió pareja con una injusta distribución de la riqueza. Según la metodología del Banco Mundial, casi el 10% de la población (50 millones) sobrevive con sólo $1 al día y el 25% (125 millones) se la debe jugar con $2 diarios (unos 30.000 pesitos nuestros al mes), mientras unos pocos se regodean en el lujo y confort, con cero sensibilidad social. También es cierto que la distribución del ingreso, medida por el coeficiente de Gini, se ubica entre las peores del mundo. Pero no es cierto que las reformas fueron ineficaces. Según investigaciones comparativas del FMI, las reformas dieron resultados económicos impresionantes (con ciertas excepciones). La inflación se redujo a un dígito (salvo en Venezuela y Costa Rica); la producción real (promedio) creció un 4%; las exportaciones netas son ahora positivas (1% del PIB, salvo en Costa Rica con un saldo negativo del 5%); se impuso la flotación libre (en Costa Rica, no); muchos mantienen inflation targets (aquí siguen pensándolo) y la deuda pública cayó (salvo ya saben dónde). Latinoamérica se encuentra en una encrucijada: o tira por la borda las reformas económicas en aras de una huidiza equidad, o, más bien, las profundiza para afianzar la estabilidad y el crecimiento, pero, esta vez, con mayor justicia y una mejor repartición de la riqueza. Si no podemos evitar el giro hacia la izquierda, esperemos, al menos, que los gobiernos emergentes se inclinen por un socialismo moderado e inteligente, a lo Chile, y, en vez de abortar las reformas estructurales, las complementen con medidas sociales que preserven la eficiencia del mercado. Que sean estos nuestros mejores deseos para un 2006 que pinta turbulento.
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