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Pueblos con la Policía Víctor Hugo Murillo S. vhmurillo@nacion.com Los vecinos de la ciudadela La Carpio -La Uruca, San José- ofrecieron, el mes anterior, un gran ejemplo de responsabilidad y valentía. Al día siguiente de que una turba destruyó la caseta policial, en venganza por la captura de uno de sus compinches, acudieron a reconstruir el edificio y a manifestar la solidaridad con el trabajo y la presencia de la Fuerza Pública. Dejaron claramente establecido que, al contrario de la imagen estereotipada, La Carpio no es solo un vecindario de drogadictos, traficantes u otro tipo de gente nociva para la sociedad. Es cierto que la aquejan graves problemas sociales y económicos, entre ellos la delincuencia (fenómeno del que no están exentas otras comunidades). Querían que en el resto del país supiéramos que la mayoría de sus habitantes son personas honestas y trabajadoras, que deben luchar por su supervivencia diaria en condiciones muy difíciles, acosados por pandillas interesadas en imponer su "ley" a toda costa. Me atrevo a afirmar que, al igual que en La Carpio, en otras barriadas urbano-marginales deben existir grupos organizados (asociaciones de desarrollo u otros) que luchan por el progreso en todos los órdenes, y uno de estos es la seguridad vecinal y el bienestar social. El Estado debe aprovechar esa fuerza interna y apoyarla. Esas organizaciones merecen un espaldarazo porque son las que mejor conocen lo que pasa en su mundo y, por tanto, deben constituir los aliados naturales para hacer frente a desafíos socioeconómicos agudos. Lo que ocurrió en La Carpio y pocos días después en la ciudad de Tilarán, Guanacaste -donde drogadictos atacaron y causaron daños en la delegación policial-, debe ser también una campanada para evitar que grupúsculos violentos intenten invertir los papeles para colocar a la Fuerza Pública en el lugar del enemigo. La ciudadanía debe reaccionar con firmeza y acuerpar los esfuerzos de las autoridades en la lucha contra el delito. Esa participación, con el respectivo respaldo del Estado, es clave para entender que el combate de flagelos como la delincuencia debe ir mucho más allá de la mera acción policial. En países vecinos, como El Salvador, han preferido el endurecimiento de la represión contra el delito, pero hasta ahora los resultados demuestran que, solo, ese recurso es insuficiente.
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