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Caído del pedestal Respecto de Pinochet, me queda una sensación de asco por múltiples razonesVíctor Valembois valembois@ice.co.cr Profesor Como en trágica burla, murió el Día de los Derechos Humanos y espero que pronto constituya un capítulo completamente cerrado en la historia latinoamericana. Si bien no soy ni historiador ni politólogo, reivindico mi derecho a hablar porque por él llegué a Costa Rica hace ahora 33 años. Respecto de Pinochet, más allá del cristiano perdón en que uno ha sido educado, me queda una sensación de asco por múltiples razones. Por “general rastrero”, en términos del presidente constitucional de Chile, cuando el golpe; por practicar servilmente –pero con armas aplastantes– lo que Kissinger y asociados le impusieron; a mí no me vengan todavía a estas alturas con el “plan zeta”, tan válida excusa para la fuerza bruta como las supuestas armas de destrucción masiva en Iraq (y, desde luego, no defiendo a Sadam Husein). En seguida, como sátrapa practicó el terror “preventivo”, en capítulos odiosos que se repiten en Guantánamo, entre otros. Al haber estado detenido cinco días, tengo una ligera idea de lo que es la tortura (una larga y dolorosa historia): mi pecado era ser profesor universitario y llevar barba, ¡signos evidentes de subversión, por supuesto! Pero luego, más allá de divergencias ideológicas que prefiero ver decididas en las urnas, está el hecho irrefutable de que el hombre en cuestión se sirvió con la cuchara grande. Qué diferente, en realidad, de un general Charles de Gaulle, por ejemplo, llamado democráticamente al poder y alejado por el mismo método, derrotado digno que Francia y el mundo recordarán como un ser noble. Sacrificio… de los otros. En una mezcla repugnante de militarismo decimonónico y guerra fría de blanco y negro, algunos, como marineros en tierra defienden la “necesidad” del sacrificio (claro, de los otros) y el precio a pagar por el bum económico chileno: “macro” para los grandes, magro para los otros. Pero si bien no niego este, ¿hasta qué punto se debe al precio del cobre y su necesidad para los chinos, por décadas todavía? Luego, tampoco se puede negar que en las elecciones de medio período el gobierno constitucional se había visto fortalecido. De no haber convenido, en las elecciones siguientes el voto sin duda lo habría castigado. Han pasado tres décadas. Mantengo preferencia por las vías no bélicas, sigo creyendo en que, si bien no son sinónimos democracia y elecciones, es en las urnas (no en los cuarteles ni en las calles) donde los pueblos definen su destino. Por último, menos joven, pero igual de idealista, sigo añorando la solidaridad con la que mi decano (víctima fatal de Pinochet) y tantos colegas y estudiantes, trabajábamos entre otros al techo de una casa social, en jornadas solidarias. En cambio, me da asco, sí, repito la palabra, la cruzada político-religiosa, pero donde en el fondo prevalecía el bolsillo, como en el caso de este Augusto solo de nombre. En definitiva, admiro el manejo que la presidenta de Chile (otra víctima) le ha dado a esta circunstancia y, cómo no, aplaudo a la hija de Pinochet que le tendió la mano a la representante gubernamental en las exequias de este personaje. Vuelta a la hoja histórica.
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