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Sábado 30 de diciembre, 2006
San José, Costa Rica.

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Foto Principal: 1462318
Federico Ramírez (de rojo) fue el gran escudero de Raabe, sobre todo en montaña.
Francisco Rodríguez

Ciclismo
El triunfo también es de los peones


Gustavo Jiménez M.
gujimenez@nacion.com

En una carrera por etapas nadie puede ganar solo. Si no es con el aporte de los peones, hasta el más pintado perdería rueda.

El equipo BCR-Pizza Hut ordenó jerárquicamente el trabajo de sus ocho ruteros para la Vuelta.

Henry Raabe quedó en lo más alto de la pirámide, obviamente. La idea era permitirle descansar piernas en el plano, de forma que llegara fresco para responder los ataques en la montaña.

Sus primeros gregarios fueron Marcos Tronquito Rodríguez, Erick Barrientos y Alexánder Alemán Sánchez.

Ellos tres se encargaron de ponerle ritmo al lote en las primeras etapas, que implicaron mucho desgaste y deshidratación en Puntarenas y Guanacaste.

Rodríguez y Barrientos no pudieron terminar la Vuelta, pero le aliviaron la carga al resto del equipo en esas primeras jornadas.

Relevo. En las restantes etapas planas Sánchez se encargó de llevarle el pulso al lote, esta vez con el apoyo de Iván Amador y el novato Steven Villalobos, otros dos especialistas en ese tipo de terreno.

Finalmente, para la montaña la carga de trabajo fue para Federico Ramírez y Andrey Amador, aparte del propio líder Raabe.

Lico de nuevo estuvo a la altura, como en la Vuelta del 2003, cuando se erigió como peón de oro en la victoria de José Adrián Bonilla.

Amador hizo su aporte en la ida a Pérez Zeledón, mas en el regreso su salud se resquebrajó y no pudo auxiliar al equipo.

Aunque Raabe es el único que vistió de amarillo, ganar no fue el trabajo de un solo hombre.