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Toros calientan La Guácima Ganadería de Beto León emocionó a centenares de asistentesLos toreros improvisados también se fueron para La Guácima Pablo Fonseca Q. pfonseca@nacion.com A uno no le queda la menor duda de que la corrida es “a la tica” cuando nota que su comienzo se atrasa más de media hora. Otra de las características que une al ser costarricense alrededor de una plaza es el poco interés en el toreo profesional. Para que lleguen los silbidos y los gritos llenos de emoción, hay que esperar a que un toro salga correteando a los improvisados... Y la gran mayoría de estos toreros criollos, sino todos, se fueron este año para La Guácima. En el nuevo campo ferial se levantó un amplio redondel que casi se llenó por completo con familias el miércoles pasado, durante la primera corrida. Una decena de toros salieron a tratar de hacerse respetar esa noche, lo mismo por hombres con capote y muleta, que con gorrito de Santa o trencitas caribeñas, al mejor estilo de Limón. El problema con estos animales es que son demasiado serios como para saber si están realmente enojados por la tomadura de pelo que se les está dando, o más bien ponen de su parte para que todos disfruten del espectáculo. Eso es lo único en que se puede pensar cuando uno ve a cinco fornidos empujando a un toro para sacarlo de la plaza, después de que el animal le dio un buen revolcón a un gringo y se echó a la arena cuando el lazador le apretó mucho el cuello. Como burlándose de sus captores, el animal metió reversa después de que la puerta de salida se había cerrado y se salió de nuevo. Entonces, los comentarios jocosos no se hacen esperar, mientras la seguridad privada vigila las zonas de emergencia y los vendedores ofrecen de todo. “Hoy es a ¢600, pero del viernes al lunes el patí yo lo voy a dar a ¢1.000”, le confesó un vendedor de patí a un amigo mexicano que se encontró en la corrida. “¡Párese, hombre! ¡Le queda grande el toro!”, reclamó airado el extranjero a los toreros profesionales. Era el único que realmente se emocionaba con el capote y la muleta. El resto éramos ticos.
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