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Desastre tecnológico en Limón El país no está preparado para atender los daños humanos y ambientalesSadie Bravo de Maroto Diputada El incendio de las instalaciones de Químicos Holanda en la ciudad de Limón es un desastre tecnológico, que merece seguimiento especial pero, pese a la trascendencia del lamentable hecho, se cayó en una nube de desinformación y olvido. Se desconoce el tipo de productos químicos que se almacenaban en esa empresa. La lista es parcial e indica solo aquellos productos que se guardaban en mayores cantidades. Urge conocer si existían productos químicos inorgánicos o compuestos organoclorados que pudieran haber formado dioxinas y furanos durante la deflagración. Algunos podrían ser dañinos para la salud humana y ambiental. Con los escasos datos es imposible prever la formación de productos tóxicos a partir de la reacción entre algunos de los compuestos almacenados. Descono- cer el tipo de sustancias químicas imposibilita la evaluación objetiva y realista del riesgo. Aplicación inmediata. Recientemente Costa Rica ratificó el Convenio de Estocolmo, instrumento internacional de aplicación inmediata para un incidente como este. Se establece el principio precautorio. Ante la posible eventualidad de un peligro y por falta de información científica, se debe actuar como si el riesgo fuera aún mayor. La actuación debe ser coherente con esa previsión. Se desconocen las sustancias que contaminaron las aguas o, incluso peor, las que habrían contaminado los acuíferos que abastecen al pueblo limonense. Es necesario, entonces, conocer los efectos residuales en el ambiente que pudieran ocasionar las sustancias químicas generadas con el incendio o las que estaban presentes en la empresa. Mayor contaminación. Muy pronto comenzarán las lluvias en Limón, por lo que la escorrentía dispersará los compuestos químicos. Entonces, se podrían contaminar nuevos terrenos o corrientes de agua hasta ahora limpias. También se desconoce cuáles productos se incorporaron al aire y ahora serían propagados por el viento, afectando no solo a la gente de Limón, sino también a las aves, cuya eventual muerte por intoxicación se convertiría en un problema de salud pública. La contaminación de los cultivos agrícolas de esta provincia también sería un funesto efecto del incendio. Nos preocupa que este grave accidente tecnológico no haya recibido la importancia ni el seguimiento que requiere. Llama la atención que no se investigue la contaminación ambiental en un radio de varios kilómetros alrededor del sitio del siniestro, mediante análisis y evaluaciones objetivas; que no se informe del lugar ni la manera como se desecharán los materiales remanentes, ni que se evalúen las medidas tomadas por las autoridades o por la empresa. Posición firme. Aún más, causa alerta que los puntos anteriores no sean criterio para que el Ministerio de Salud otorgue permisos de funcionamiento a las empresas que trabajan con sustancias de alto riesgo. No es racional dar y renovar permisos sin considerar nuevas regulaciones y sin que el Gobierno asuma una posición firme y exija el pago de los daños ambientales, aunque la empresa cuente con pólizas de seguro internacionales, tal como señala la prensa. De aprobarse el TLC, según las regulaciones vigentes, queda en evidencia que el país entraría en una situación aún más vulnerable ante la imposibilidad de restringir el arribo de empresas químicas altamente contaminantes. Todos somos testigos de que el país no está preparado para atender daños humanos ni ambientales ocasionados por desastres tecnológicos como el ocurrido en Limón. Hago un llamado al Gobierno para que este desastre sea atendido según el Convenio de Estocolmo. Como presidenta de la Comisión Especial de Ciencia, Tecnología e Innovación y secretaria de la Comisión Permanente Especial de Ambiente, me comprometo a presentar las iniciativas de ley necesarias para cumplir el Convenio, o bien garantizar las herramientas legales de prevención y atención de estos desastres.
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