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/LA NACIÓN

Sin visión y sin misión

Me asiste pleno derecho a demandar una solución adecuada a los problemas públicos

Fernando Leal
fleal@cariari.ucr.ac.cr


Si los apuros de una institución se redujesen a problemas personales de escasa importancia, como podría ocurrir en el caso de un “par de alborotadores”, todo se arreglaría con un poco de buen juicio; por esto resulta sumamente paradójico que el informe final de la Comisión de pares externos evaluadora del Instituto de Investigaciones en Salud, que cubrió los aspectos esenciales del quehacer institucional, haya concluido dibujando un panorama tan desolador de su situación actual, cosa que no hubiese ocurrido si esta institución se hubiese encontrado continua y positivamente valorada, como afirma su directora, doña Rosario Achí (La Nación, 22/12/06). En efecto, si el caso fuese como esta dice, el informe no tendría el carácter que posee y mucho menos habría establecido las recomendaciones puntuales, medulares y tajantes que propone. Por ejemplo, jamás se hubiese encontrado con que “los postulados de su Visión y de su Misión no corresponden a las actividades presentes del Instituto en algunos aspectos fundamentales.” (Informe Final, pág. 7).

Naturalmente, la lectura atenta de este informe debe causar justa alarma, no solo en el claustro universitario, sino en el ámbito nacional, sobre todo en momentos cuando las instituciones públicas están bajo crítica y observación agudas. El “alarmismo” sólo se encuentra en un ánimo singular, posiblemente deseoso de evadir la realidad. Al respecto, doña Rosario opina que he sido conducido erróneamente a mis estimaciones; no obstante, he procurado elaborar mi parecer de acuerdo con lo que me sugiere la lectura del informe final. El criterio de distinguidas personalidades de la comunidad universitaria me permite pensar que no ando descaminado.

Exageración retórica. El mismo ánimo singular emplea con ligereza el término “castigo”, que no se encuentra en el informe evaluador ni en mis comentarios. “Castigo” constituye una exageración retórica del ánimo aludido, pues únicamente cabe su empleo en casos de la comisión de graves delitos y crímenes, lo cual no se ha insinuado que sea el caso respecto del Inisa. Así que no es extraño que el ánimo de marras atribuya un “espíritu punitivo” antiacadémico a quien insiste en que los problemas deben solucionarse y corregirse las situaciones anómalas, insistencia que se encuentra plenamente de acuerdo con las claras y fuertes recomendaciones de la comisión evaluadora, por ejemplo, con el espíritu de la siguiente cita textual del informe: “La situación que ocurre en el Inisa en el presente, que se arrastra desde hace ya algunos años, y que no es propicia para producir un ‘clima intelectual’ como un instituto de esta índole requiere, debe ser corregida de inmediato por las autoridades universitarias, con el fin de darle un nuevo aliento a la institución y salvarla de un deterioro peor, hasta el punto de que algunas personas entrevistadas lo consideraron irreversible”, (Informe Final, pág.7). Otras observaciones importantes, que se refieren a puntos críticos de similar gravedad, también podrían ayudar a comprender, a quien cabalga sin visión y sin misión, lo que realmente constituye una actitud defensora del temple universitario.

Como ciudadano y como universitario, me asiste pleno derecho a demandar una solución adecuada a los problemas públicos, derecho pleno a solicitar debido respeto al trabajo y las recomendaciones de una comisión de pares externos, escogida con cuidado y acierto por el vicerrector de Investigación de la UCR, doctor Henning Jensen. Animar a las autoridades públicas a que asuman con entereza la rectitud de su gestión constituye una actitud diariamente manifestada por la ciudadanía pues, en los casos que lo ameriten, una intervención justa y firme es altamente deseable: de lo contrario, los problemas persisten y las situaciones mórbidas tienden a empeorar, lo cual estimo que no es deseable para nadie que requiera una cabal voluntad al respecto.

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