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Enfoque Jorge Vargas Cullell Lo bueno de una columna de fin de año es que casi nadie la lee y a uno eso ni le importa. Si además el escrito sale a luz pública el Día de los Inocentes, los pocos despistados que le dan una mirada tampoco se lo toman en serio. Como la cosa no da para mucho, esta inocencia se propone confesar algunos sueños que, en el anonimato de un día como hoy, adquieren casi un carácter íntimo. Sueño que al final del próximo año en Montes de Oca, donde vivo, y en el camino a Upala ya no brotan en las calles hoyos de 10 m de fondo y 30 de diámetro. Si bien uno descubre ríos subterráneos y piezas arqueológicas del período clásico policromo, cuestiones todas muy instructivas, no deja de inquietar que el próximo hueco se trague mi casa. Si por mala suerte surgiera un cráter nuevo, en mi mundo feliz el hoyo queda arreglado en una semana. Sueño que un haz de luz hace caer en cruz a los choferes de vehículos (especialmente a taxistas y motociclistas). Los hará comprender que la luz roja no es una hipótesis y que el rótulo de “Alto” significa pare. Si me pongo imaginativo, sueño que los choferes de autobús no atravesarán el camión en media calle cada vez que pueden y, si accidentalmente lo hacen, pedirán caballerosas disculpas. En el éxtasis del nirvana veo un mundo de carros sin bocinas y choferes que no lo presionan a uno para que se salte la luz roja; un país donde el transporte de carga de combustibles y materiales peligrosos no anda por cualquier parte a cualquier hora, arriesgando un accidente fatal. Y, por supuesto, me solazo con la idea de que la Policía aparece en el momento justo y les clava a los mal portados un multón que los convierte en seres civilizados. Sueño que ya no existirán industrias altamente tóxicas metidas entre vecindarios y encima de tomas de agua potable de las que dependen las ciudades enteras. Que el Ministerio de Salud se da cuenta antes de una tragedia y no después, que tenemos un país de industrias peligrosas sembradas entre la gente. Sueño que un buen día abro el periódico y la noticia que leo no es la misma que la de hace un mes y la de un año atrás. Que la farándula y los silicones serán historia (en los clasificados de La Nación se leerá: “Por motivo de viaje vendo siliconas...”) y que por fin habrá tiempo en este país para hablar de otra cosa que no sea el TLC. Sueño que George Bush lee un libro, una brizna de humildad se cuela en Casa Presidencial y el PAC se interesa en eso que llaman estrategia. Sueño por soñar y porque en el Día de los Inocentes a uno no le queda más remedio que pasar por tonto.
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