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Jueves 28 de diciembre, 2006 San José, Costa Rica. |
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Ciclismo Gustavo Jiménez M. gujimenez@nacion.com San Isidro de El General. Poco antes del regreso de Buenos Aires, un pinchonazo hizo estallar una llanta en medio del lote grande y provocó la posterior caída de varios ciclistas. Hubiera sido un incidente cualquiera, como muchos que ocurren en la caravana. La diferencia es que esta vez estuvo involucrado el líder de la clasificación general, Henry Raabe.
Una de las ruedas del ciclista brumoso explotó y lo desestabilizó. Como el dueño de la camisa amarilla siempre viaja arropado por muchos ciclistas, otros corredores fueron a dar al suelo, sin mayores consecuencias. Para no perder tiempo, Raabe tomó la bicicleta de su compañero Federico Ramírez. Es una práctica permitida dentro del ciclismo, siempre y cuando se trate de ruteros de la misma escuadra. El líder de la Vuelta nunca fue a dar al suelo, pero perdió algunos segundos mientras se acomodaba en la máquina de Lico. “No es igual, uno está acostumbrado a su propia bicicleta, aunque la de Federico tiene dimensiones muy parecidas a las de la mía”, afirmó Raabe. Con la ayuda del propio Ramírez, volvió a integrarse al grupo menos de un kilómetro después. Sin embargo, una de los aros de la bicicleta de Lico, en la que iba montado el líder estaba torcido y al rato volvió a estallarse. Entonces, Raabe cambió de bicicleta otra vez, ahora con Alexánder Sánchez. Cuando los mecánicos terminaron de reparar la suya, finalmente pudo recuperarla y terminar la etapa en su propio “caballito”. “Todo ocurrió muy rápido. Me di cuenta de que nada había pasado y afortunadamente todos los ciclistas enredados en la caída pudieron volver a unirse al pelotón sin problemas”, comentó el líder. Nobleza. Cuando el lote se enteró del percance de Raabe, todos los ciclistas mantuvieron el ritmo hasta que el brumoso volvió a conectar. Para el líder, hubiera sido una gran complicación si sus rivales aceleran el paso mientras él cambiaba de bicicleta. No obstante, su gran contendor, Pablo Araya (Dos Pinos-Los Lagos), aseguró que esa opción ni siquiera estuvo sobre el tapete. “En esos momentos nos quedamos a rueda, no vamos a atacar a nadie en el suelo. Si Raabe nos gana, pues no quedará más que felicitarlo, pero no le vamos a ganar de esta forma”, aseveró Araya. El sancarleño aseguró estar recuperado de la infección de garganta que minó sus fuerzas en los últimos días de esta Vuelta. “Eso me tiene muy motivado. Estamos preparados para atacar de nuevo en el cerro de la Muerte (etapa que se corre hoy)”, añadió. Como cualquier otro deporte, el ciclismo también vive de imponderables. En la Vuelta de 1985 el colombiano Sergio Jaramillo era líder en la última etapa, pero se cayó en el río Barranca y tuvo que cederle la camiseta a su compañero Néstor Freddy Barrera. Rodar a más de 50 kilómetros por hora sobre una banda de solo cinco centímetros de ancho también aumenta las posibilidades de un percance, pese a que los ciclistas son expertos en equilibrio. |
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