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Foto Principal: 1460167
El caballo de Rónald y su padre José Flores lució unos gigantescos anteojos para impregnar de colorido el tope, realizado ayer como celebración del día del caballista nacional.
FOTOS MARVIN CARAVACA
Crónica desde el caballo Balú

Apuros y hazañas de un jinete inexperto en topes

Relinchos, trote lento y bellas razas equinas cautivaron a los espectadores
Caballistas y público se fundieron en alegría y orden del tope nacional

Jairo Villegas S.
jvillegas@nacion.com

Cabalgar por primera vez no es una tarea fácil, principalmente si esta “inauguración” se hace en una prueba difícil como el tope nacional, en medio de unos 3.000 caballistas participantes.

Los apuros son muchos: desde “dominar” al dócil caballo hasta tratar de cumplir la tarea imposible de evitar los golpes que otros equinos propinan con su lomo y ancas debido al poco espacio.

Estas fueron solo parte de las congojas que este redactor vivió ayer al convertirse por casi dos horas en un “jinete” y recorrer los cuatro kilómetros del tope, desde el Paseo Colón hasta plaza González Víquez, en la capital.

El principal obstáculo a vencer fueron los nervios producto por la inexperiencia y el temor de un golpe por parte de algunos de los caballos que se levantaban en dos patas o que hacían pequeños saltos guiados por sus jinetes.

Pero la colaboración entre jinetes y la alegría que despierta el tope entre el público hicieron que el ambiente fuera muy ameno y con ello reapareció la calma.

Las primeras instrucciones las recibí de Augusto Carballo, experto jinete vecino de Escazú, quien realizó el tope acompañado por su hija Jimena.

“No esté tenso y no jale muy fuerte las riendas”, me dijo. De esta forma, mi caballo no se iba a levantar y así no me botaría.

Las instrucciones de Carballo también fueron cumplidas por el público, pues los miles de espectadores a lo largo del recorrido dieron rienda suelta a la alegría: bailaron, gritaron y disfrutaron de los caballos y las caballistas.

Mientras, los niños imploraban para que cualquier caballo se acercara a la acera y así acariciarlo por algunos segundos.

A todo galope. La química entre los caballistas y el público fue tan grande que varias muchachas dejaron su campo en las aceras para atender la invitación de un jinete y acompañarlos a todo galope.

También, los espectadores invitaron a los jinetes a bebidas y bocadillos, intercambiaron sonrisas y hasta números telefónicos.

Nancy Solís, quien alquiló un caballo criollo llamado Chocolate, en ¢25.000 y por primera vez participó en un tope, dijo que eliminó los nervios por la ayuda que le brindaron otros caballistas. Al final, aseguró que volverá el otro año.

Interminable. El tope arrancó puntualmente, a la 1 p. m. ,como lo prometió la Municipalidad josefina.

No obstante, el mar de jinetes fue tan profundo que mi caballo Balú (de raza appaloosa) y yo salimos a las 2:30 p. m. con un trote lento y a ritmo de los relinchos.

Durante las primeras cuadras, fue imposible avanzar más de 10 metros de forma consecutiva debido a la cantidad de caballistas.

Lo mismo ocurrió frente a los puestos desde donde las televisoras transmitían, pues muchos querían aparecer en cámaras.

La espera no importó y los jinetes, expertos y novatos, nos mezclamos, lo que me dio más confianza.

Henry Benavides, colombiano que tiene 20 años de vivir en Costa Rica, aseguró que participa en el tope “desde hace muchos años”, pues es una fiesta que en pocas ciudades capitales en el mundo se realiza.

Como parte del espectáculo, sobresalieron varios ejemplares de la raza andaluz, caballos altos y negros con un paso muy elegante.

También hubo aztecas, pura sangre, pinto e iberoamericanos.

Pero los equinos que más abundaron fueron los criollos, que demostraron su sencillo trote.

Tras el fiestón por las calles capitalinas por el tradicional tope, los caballistas que se inscribieron bailaron al ritmo del grupo musical Kalúa en plaza González Víquez.

Ahí, la Municipalidad de San José rifó entre los participantes inscritos (unos 1.000 de los 3.000 caballistas) tres viajes a República Dominicana, dos a México, tres monturas y un caballo.

Tope con muchos protagonistas

LIBRETA DE APUNTES

Foto Flotante: 1460159
Grisset Murillo bebió algo del tradicional “cacho” que utilizan muchos caballistas y que comparten durante los cuatro kilómetros del recorrido del tope nacional en San José.

Foto Flotante: 1460160
Yo, Jairo Villegas, participé en el tope aferrado al caballo Balú para evitar una caída y apaciguar los nervios provocados por la primera experiencia en un tope.

Foto Flotante: 1460183
Karen Lucía Araya participó en el tope de ayer y evidenció gran soltura para guiar a su caballo. Muchos niños fueron protagonistas en el desfile capitalino de equinos.

k Como es costumbre, el diputado José Manuel Echandi participó en el tope nacional, al igual que Luis Polinaris, gerente de la Junta de Protección Social de San José. A ellos, se les sumó el diputado Óscar López, quien se preparó los últimos seis meses para el tope.

kMuchas de las mujeres del público no pararon de gritar cuando vieron al presentador de 7 estrellas Édgar Barrantes, quien montó a su caballo Gabero, de raza andaluz.

kEl alcalde de San José, Johnny Araya Monge, esta vez no estuvo tan acompañado por amigos caballistas como en el tope del año pasado. Cerca de una hora después de que Araya llegó a plaza González Víquez, aún seguía recorriendo las calles aledañas en su caballo.

kEl viceministro de Economía, Jorge Woodbriege, fue uno de los pocos miembros del gabinete que participaron en el tope. Lo hizo con su caballo Caramanchada, de raza iberoamericana.

kAunque la Municipalidad de San José anunció fuertes medidas para evitar la venta de bebidas alcohólicas, más de uno se las ingenió para ofrecer estos productos, ocultos entre refrescos gaseosos o en bolsas plásticas.

kFueron insuficientes las cámaras fotográficas y de celulares de muchos hombres quienes pretendían un recuerdo de las modelos que iban en la carroza de la cerveza Pilsen, pues las jóvenes lucieron poca ropa y una gran belleza física.

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