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Foto Principal: 1460039
Alba María García vive en una humilde casa en Alajuelita, junto a su hermana y los hijos de ambas.
Adriana ovares

‘Fuera de San José no hay trabajo’


Vanessa Loaiza N.
vloaiza@nacion.com

Alba María García Fernández es una más entre miles de nicaragüenses que emigró a Costa Rica en busca de un mejor futuro para ella y sus tres hijos.

Hace nueve años vivía en Limón. Pero en la región caribeña el salario que ganaba su compañero en una plantación bananera no era suficiente para alquilar casa, comprar alimentos y mantener a la familia.

“Fuera de San José no hay trabajo y el que hay lo pagan mal. En la bananera eran ¢30.000 por semana pero el empleo no es estable”, reconoció Alba María, de 31 años.

Se fue... En el 2002 regresó a Granada, Nicaragua, con sus hijos, después de soportar múltiples agresiones de su anterior compañero, pero en esa nación el dinero no le alcanzaba para vivir.

Ella ganaba el equivalente a ¢7.000 por quincena y con eso no podía mandar a sus hijos a la escuela, según reconoció.

Cansada de las carencias, hace dos meses decidió regresar a Costa Rica, pero esta vez a San José. Por ahora, vive “arrimada” en el ranchito de cinc y madera de una hermana, en Tejarcillos de Alajuelita.

Su nuevo compañero, Ricardo Romero Hernández, ya obtuvo empleo como guarda privado.

Alba María no puede salir a buscar trabajo porque su cédula de residencia está vencida. Ella reconoce que así es muy difícil que la contraten como empleada doméstica.

Por ahora, se dedica a cooperar con los quehaceres de una hermana y cuidar a sus hijos de 9, 7 y 5 años y vigilar a tres sobrinos más.

En total, seis niños y cuatro adultos se aglomeran en un rancho de unos 20 metros cuadrados. En una sola cama duermen Alba, su compañero y varios menores.

El precario está asentado en una ladera empinada. Tiene electricidad y agua potable, pero no hay alcantarillado sanitario. Cuando llueve, los callejones son verdaderos toboganes de barro y piedras.

Alba María nada más está esperando que empiece el 2007 para ir a Migración a renovar su cédula y para matricular a los niños en la escuela de Tejarcillos, ubicada a 500 metros de distancia. “Dios quiera y consiga trabajo”, dijo.

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