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A propósito de las aceras Luis Lorenzo Rodríguez B. llrodrig@costarricense.cr Las aceras constituyen un reflejo de la cultura de los pueblos. Al observar el estado de las aceras, su tamaño y conservación, podemos inferir el concepto que los dirigentes tienen de sus habitantes. Destacan dentro de esos habitantes los niños llevados en coches o en juguetes de ruedas, las personas mayores con dificultades para caminar, con bordones o con andaderas, las personas con alguna discapacidad que requieren silla de ruedas u otra ayuda para trasladarse, también los peatones comunes y corrientes que requieren las aceras para trasladarse al bus, a la pulpería, donde su vecino, en fin, a toda esa gente que necesita ejercer el derecho más preciado de todos: el poder movilizarse libremente de un lugar a otro. En relación con el país, las aceras, cuando existen, son verdaderos calvarios y trampas mortales intransitables. Nos hemos acostumbrado tanto a esta realidad que ya ni cuenta nos damos. Nunca a nivel. Al abandono total y pésimo estado de las aceras, debemos agregar la capacidad destructiva de Acueductos y Alcantarillados, con sus famosas cuadrillas de cinco viendo y uno que medio hace, que siempre dejan los medidores de agua colocados justamente para tropezarse, nunca a nivel. También el ICE coloca sus armatostes de los teléfonos en las aceras. Con el último cableado subterráneo en San José, los peatones fueron nuevamente las víctimas y allí se colocaron las tapas de hierro mal puestas, para que todo el mundo se tropiece y, además, son las municipalidades la que han otorgado los permisos para que las ventas callejeras se instalen en las aceras más angostas y más transitadas. Todo esto no ocurre por casualidad, sino porque quienes toman las decisiones no sufren estos flagelos. Ellos no tienen que tirarse a las calles y ser víctimas de los constantes y mortales atropellos en todo el país, pues van en carro. Lo peor de todo es que, últimamente, a vista y paciencia de las autoridades, los carros se meten a estacionar en las pocas aceras disponibles. A los del Tránsito esto no les interesa porque ¿qué ganan con meterse en este asunto? Absurda regulación. Las normas legales que regulan el tema son absurdas. Dejan la responsabilidad de las aceras, que son bienes públicos por excelencia, a los propietarios de los terrenos adjuntos y a las siempre ineficientes municipalidades la obligación de velar por que se cumpla. La Sala Constitucional, que desde hace varios años parece ser el único ente que gobierna en este país, acaba de emitir un voto histórico, mediante el cual les llama la atención a varias municipalidades sobre este tema. Esperamos que de algo sirva.
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