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La otra rama del judaísmo Carlos Alonso Vargas cavd@racsa.co.cr El prestigioso erudito y arqueólogo judío estadounidense Her- shel Shanks, en su obra The Mystery and Meaning of the Dead Sea Scrolls (Misterio y significado de los rollos del Mar Muerto) (Nueva York: Vintage Books, 1998), incluye, en el capítulo 10, una afirmación de profundas implicaciones para analizar la relación entre el judaísmo y el cristianismo. Después de analizar la variedad de corrientes que existían en el judaísmo en el siglo I de la Era Cristiana, dice que en el año 70 d. C., cuando los romanos destruyeron el Templo de Jerusalén, “solo dos formas de judaísmo sobreviven al cataclismo. Una, el cristianismo, llega en cierto momento a dominar la civilización occidental tras separarse de sus antecesores. La otra, el judaísmo rabínico, es la antecesora de todas las ramas del judaísmo moderno” (pág. 179; traducción mía). Comenzando por el final de la cita, hay que señalar que, en efecto, las variedades de judaísmo que existen hoy (ortodoxo, reformado, etc.) proceden todas de las escuelas rabínicas que en el siglo I siguieron básicamente la corriente de los fariseos. Y no está de más notar que Jesús criticó fuertemente algunas actitudes de este grupo, pero en lo doctrinal estaba de acuerdo con él, mientras que discrepaba de las posturas de los saduceos. Bendición prometida. Pero lo que considero revolucionario en las palabras de Shanks es la clasificación que hace del cristianismo como una de las “formas” del judaísmo existentes en el siglo I. Esto implica reconocer lo que, desde el punto de vista cristiano, era la razón de ser del pueblo de Israel: que por medio de un líder nacido de ese mismo pueblo –Jesús– se hiciera llegar a todos los pueblos gentiles (los “no judíos”, los que los judíos llaman goyim) la bendición prometida por Dios a Abraham y a su descendencia. Según esto el cristianismo es, por decirlo así, la “versión globalizada” del judaísmo; es la otra rama del judaísmo, una que desborda los confines étnicos y genéticos de Israel para hacerse accesible a todas las naciones. Jesús, en su persona, en su doctrina y en su obra hace que todos los gentiles –si llegan a la fe en él– puedan beneficiarse de la Alianza de Dios con Israel, de la Ley y de todas las bendiciones que ella comporta. Si los cristianos actuales llegan a apreciar más y más los fundamentos esencialmente judíos de su religión, y si los judíos de hoy logran aceptar que el cristianismo es esa “otra rama del judaísmo”, una religión que es judía en sus raíces, aunque no lo sea en lo étnico, son incalculables los pasos de mutua comprensión y de acercamiento que pueden darse entre esas dos religiones que han dado forma a la civilización occidental.
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