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Un mínimo descuido puede costar la vida Nicolás Aguilar R. naguilar@nacion.com Cliford Palmer Ergón trabajaba como cocinero del hotel flotante Rain Goddess, en el lago Arenal, y nunca aprendió a nadar. Eso, precisamente, le costó la vida la mañana del miércoles. Palmer, de 45 años, intentó, como todos los días, abordar un kayac para alcanzar tierra firme y resbaló, muriendo ahogado. Situaciones como la anterior, según reportes de la Cruz Roja, ocurren frecuentemente en ríos, lagunas y en las playas del país. Hasta el jueves murieron a causa de asfixia por inmersión 124 personas, la mayoría en situaciones en las que mediaron la imprudencia y el alcohol. “La principal causa de muerte se la puedo resumir en una sola palabra: imprudencia”, exclamó Jorge Rovira, director interino de la Unidad de Socorros y Operaciones de la Cruz Roja. Según dijo, muchos bañistas no toman ningún tipo de precaución y se lanzan a pozas o se meten al mar “sin preguntar nada”. “La gente se mete al agua después de comer y de tomar licor. Hacen clavados en pozas sin conocer su profundidad. Otros no saben nadar, pero siempre se meten a jugar en el mar sin importarles las consecuencias”, insistió en señalar Jorge Rovira. Agredidos. El funcionario reveló que varios salvavidas de la Cruz Roja, destacados en algunas de las playas más concurridas del país, han sido agredidos por turistas enojados porque “les advirtieron sobre los peligros de las corrientes o les pidieron no ingresar al mar porque estaban tomados”. Los turistas pocas veces preguntan a vecinos o a cruzrojistas sobre las características de la playa o de la poza, lo que, recordó Rovira, “les puede costar la vida”. Joven con suerte. La mañana del miércoles fue terrible para Tania Núñez, vecina de Vázquez de Coronado, quien estuvo a punto de morir ahogada en Jacó. Ella fue arrastrada por una corriente mar adentro y, pese a que intentó salir por sus propios medios, cuando se dio cuenta estaba exhausta y lejos de la playa. Pero tuvo suerte. En ese momento, un vecino de Jacó, Greivin Pérez Quirós, acudió en su auxilio y la mantuvo a flote durante 10 minutos hasta que logró sacarla. “El mar no es un juguete, hay que tenerle mucho respeto”, afirmó el muchacho, agotado por el esfuerzo. Núñez se encontraba de paseo con varios amigos y amigas, con quienes disfrutaba en un sector donde, según vecinos, abundan “traicioneras” corrientes.
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