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Un buen año económico Se han sentado las bases para un repunte económico para más allá del 2007Los excelentes logros no podrán sostenerse sin cambios profundos en la estructura de la economía Con el mismo título de este editorial –Un buen año económico– describió el presidente Ejecutivo del Banco Central, Francisco de Paula Gutiérrez, el desempeño de la economía costarricense en el 2006. Coincidimos plenamente. Si de alguna forma puede caracterizarse la evolución de las principales variables económicas, es por el dinamismo mostrado durante el año y la mejoría de algunas variables financieras claves, como inflación y tasas de interés. Mejoraron, también, algunos índices de carácter social, como desempleo y pobreza. Pero lo más importante es que se sentaron las bases para un repunte económico que podría extenderse más allá del 2007 si se adoptan las políticas y reformas económicas adecuadas. La producción nacional experimentó este año un crecimiento muy holgado, superior al 7%. Y una vez más, las exportaciones de bienes y servicios lideraron ese crecimiento, alentadas por la expansión de la economía mundial, principalmente la de los EE. UU. y los principales socios comerciales. Cifras provisionales indican que nuestras ventas externas totales ($10.000 millones) crecieron a una tasa cercana al 18% en el 2006, lideradas por las ventas de componentes para computadores (28%), pero alimentadas, también, por exportaciones tradicionales como café y banano (18,6%), así como otros productos agropecuarios e industriales. Como se dice en la jerga de los economistas, para exportar hay que importar. La compra de bienes de origen extranjero también se incrementó notablemente, alrededor del 20%, y destacó la adquisición de materias primas, bienes de capital y equipo de transporte. El consumo de bienes finales también creció significativamente debido a la expansión de la demanda privada, alimentada por la abundante liquidez y el crédito al sector privado. Como resultado, el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos se incrementó frente al experimentado en el 2005, y se ensanchó la brecha comercial. Pero el faltante se financió holgadamente con entradas de capital privado ($1.400 millones), lo que permitió un aumento de las reservas monetarias internacionales netas, cuyo saldo sobrepasó los $3.000 millones. Con ese nivel de reservas, lejos estamos de una crisis externa. El otro rasgo distintivo del 2006 es el resultado neto de las cuentas fiscales. Por primera vez en muchos años, el balance fiscal consolidado del sector público, que incluye el Gobierno central, las empresas del Estado e instituciones públicas, fue positivo. El sector descentralizado, cuyos gastos totales fueron debidamente controlados, arrojó un superávit suficientemente elevado para compensar el faltante del Gobierno central y arrojar un excedente. Por su parte, los ingresos tributarios del Gobierno de la República crecieron a una tasa del 23%, mientras que los gastos lo hicieron a una tasa menor. Como resultado, se produjo un superávit primario (excluyendo del gasto el pago de intereses) y el déficit financiero total se redujo a menos del 2% del PIB. Esas cifras no se veían desde 1993. El superávit del sector público sirvió para compensar, al menos en parte, la liquidez que arrojó el Banco Central por su participación en el mercado cambiario (al adquirir divisas aumenta la emisión en colones) y por las pérdidas de operación provenientes del pago de intereses por los pasivos con costo sobre los activos generadores de ganancias. Como resultado, se logró reducir la inflación del 14% en 2005 a una cifra cercana al 10% en el 2006. También sirvió para reducir las tasas de interés como consecuencia de la menor presión de la colocación de bonos del Gobierno en el mercado interno, y la presión sobre el tipo de cambio también bajó por la menor demanda agregada. Eso le permitió al Banco Central aprovechar la coyuntura favorable para abandonar las minidevaluciones y avanzar gradualmente hacia un tipo de cambio más flexible. Hoy, la economía costarricense se encuentra atravesando un buen momento. La producción de casi todos los sectores se encuentra creciendo satisfactoriamente; la inflación se orienta a la baja, las tasas de interés son relativamente bajas y estables, y el tipo de cambio, luego de un acomodo temporal, parece estar encontrando una tendencia ascendente ordenada. El mayor crecimiento permitió reducir el nivel de pobreza de 21,2% a 20,1%, y el desempleo también disminuyó de 6,6% al 6%. Definitivamente, fue un buen año. Pero no hay ninguna garantía de que esos indicadores tan favorables puedan sostenerse sin antes efectuar cambios profundos en la estructura de la economía costarricense. Mucho dependerá de lo que suceda en el 2007. A esos retos y oportunidades y a las políticas que deban observarse para consolidar los avances, nos referiremos próximamente.
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