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El mercado y la pobreza Lo mejor que podamos hacer por los pobres es darles oportunidades para generar ingresosJuan E. Muñoz G. Profesor de Economía (UCR) A la luz de la discusión que tenemos en nuestro país en relación con el tratado de libre comercio con los Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana, no podemos dejar pasar la oportunidad de traer en perspectiva el tema de la pobreza en Costa Rica. Ambos son temas inevitablemente relacionados entre sí. Mucho se ha dicho, incluso con el malentendido ejemplo de la pobreza en México, de las nefastas consecuencias que este tratado específico ocasionaría en el bienestar de nuestra sociedad. Sin embargo, ninguno de los detractores del TLC menciona lo que hoy es Chile y la proyección de pobreza que tienen para una década adelante. Ni cómo China ha visto descender significativamente su nivel de pobreza desde que se abrió al mundo, incluidos los Estados Unidos. El crecimiento económico que ha experimentado Costa Rica, incluso con el serio desequilibrio fiscal que tenemos, no se explica por la eficiencia del Estado. Al contrario, se explica por la creatividad de los costarricenses y las innumerables oportunidades de trabajo que obtiene de una economía abierta al comercio internacional. El problema mental que algunos costarricenses tienen con el tema de la pobreza y el comercio internacional comienza, no por las serias deficiencias de los cálculos económicos, sino por el erróneo enfoque que la mayoría de los llamados expertos identifica como la desigualdad del ingreso. El discurso, por donde quiera que se vea, siempre va orientado a poner un énfasis desmedido en aquellos que lograron generar un ingreso y una riqueza de manera más eficiente que otros, en tanto que se deja de lado el verdadero y único tema del bienestar de una sociedad: cómo sacar de la pobreza a los que no tienen oportunidades. Los que opinan sobre el tema se limitan solo a pedir una mejor distribución del ingreso, lo que implica quitarle algo a los que más han generado para dárselo a los que menos han generado. Es un discurso que apela al corazón y no a la razón. En vez de quitar a los ricos, la distribución del ingreso mejoraría mucho más sólidamente si ayudamos a los pobres a incorporarse a la corriente de la actividad económica formal. El tema de fondo es cómo brindar a los pobres las herramientas necesarias para que puedan generar su propio ingreso y no que dependan del subsidio, del bono o de la buena obra que algún cristiano hace en Navidad. Hemos sido testigos de la ineficiencia y de la escasa o nula efectividad del gasto del Gobierno para sacar a ese veinte por ciento de la población que está por debajo de la línea de pobreza. Y el fracaso se explica fundamentalmente porque la estrategia y el enfoque están equivocados. Oportunidades de trabajo. Al individuo pobre hay que insertarlo en el mercado. Entendido el mercado como la organización social en la que se negocian bienes, servicios, contratos, se trabaja a cambio de un salario, existen derechos de propiedad y seguridad jurídica sobre la riqueza que el ser humano genera y acumula por su actividad personal. El mayor proble- ma, entonces, no es que haya más gente rica, sino que la gente pobre esté excluida del mercado. Ahora bien, la inserción del pobre en el mercado no es tarea fácil. Es necesario darle educación –y de la necesaria, no la de pegar botones, que eso lo pueden aprender en la casa– y salud. Pero hay algo más: que no nos pase lo de Cuba, país en el que la población es longeva y profesionalmente bien preparada, pero sin oportunidades de trabajo. Y, cuando hablamos de oportunidades de trabajo, inevitablemente tenemos que ver en el comercio internacional la principal fuente de oportunidades que una economía pequeña como la de Costa Rica puede obtener para dar empleo a sus habitantes. No existe en la historia universal un solo caso de empobrecimiento nacional cuando un país se abre al comercio internacional. Más bien, los casos de empobrecimiento de algunas naciones solo se explican por la ausencia de mercados y de libre comercio. Por favor, no nos confundamos con el discurso del pobrecito. Se ha dicho que con el comercio internacional se dan perdedores. Yo no diría eso. Más bien, los perdedores son aquellos que no aprovechan las nuevas oportunidades y se niegan terminantemente a transformarse para enfrentar una nueva realidad. En conclusión, lo mejor que realmente podemos hacer por los pobres es brindarles las oportunidades necesarias para que puedan generar ingresos. Una vez que tengan las herramientas indispensables –educación y salud– el mercado se encargará del resto.
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