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La batalla por Iraq La tragedia de Iraq golpea duramente a la mayoría del pueblo de EE. UU.Jaime Daremblum El informe de la comisión bipartidista designada por el Capitolio para analizar la guerra en Iraq ha desatado una intensa polémica en Washington, una especie de batalla entre diferentes sectores políticos e ideológicos por el camino a tomar. La comisión, encabezada por el exsecretario de Estado James Baker (republicano) y el ex- presidente del Comité de Relaciones Internacionales de la Cámara de Representantes Lee Hamilton (demócrata), con el apoyo de un nutrido equipo de burócratas y especialistas, realizó una larga serie de entrevistas para verter, en casi un centenar de páginas, sus recomendaciones. Aunque oficialmente el informe fue presentado al presidente George Bush y al Congreso el 6 de diciembre último, las conclusiones se filtraron mucho antes a la prensa y han generado torrentes de opiniones encontradas. Alguien ha descrito el informe como un helado tutti frutti que permite satisfacer simultáneamente todos los gustos. Sin embargo, al mordisquear el crujiente cono, el sabor que predomina es de duras críticas al mandatario por la conducción de la campaña bélica en Iraq, acompañadas por posibles fórmulas militares y diplomáticas que han sido anatema para la administración. Bemoles. Nadie disputahoy que la situación en Iraq se agrava a pasos agigantados. Las elecciones de medio período subrayaron el malestar que prevalece en la ciudadanía por el curso que ha tomado la ocupación militar de Iraq. Existe también un amplio consenso con respecto a que Estados Unidos no debe asumir compromisos ilimitados con el Gobierno iraquí, al cual necesita fijarle condiciones y metas precisas, sobre todo, un plazo perentorio para desarmar las milicias chiies y sunitas causantes de la cuasi guerra civil en ese país. La escalada de violencia y el creciente número de víctimas perfilan una debacle ante la cual la tesis que venía pregonando la Casa Blanca de mantener el curso carece de apoyo. Pero, ¿qué hacer? La opinión de numerosos demócratas es salir lo antes posible de Iraq. En este campo, hay también quienes abogan por adoptar un cronograma para empezar el retiro de las tropas dentro de seis meses. Dadas las serias implicaciones de seguridad para la región y Estados Unidos que conllevaría una salida inmediata, sin asegurar de previo ciertas condiciones mínimas de estabilidad en aquella nación, la comisión recomienda en cambio incrementar y acelerar el adiestramiento de las fuerzas iraquíes y, simultáneamente, iniciar el repliegue progresivo de las unidades estadounidenses con miras a ser repatriadas a partir del año 2008. A esta receta de la comisión, que concilia opiniones sumamente divididas en el público, los especialistas militares apuntan una seria contradicción. El adiestramiento conlleva la inclusión de destacamentos norteamericanos en las brigadas de combate iraquíes. Los estadounidenses que participan en este tipo de acciones, conforme se ha comprobado, se convierten en un blanco predilecto del enemigo, por lo que deben contar con la protección de tropas norteamericanas de respaldo. De esta forma, intensificar el entrenamiento de los iraquíes conllevaría un número mayor, no menor, de efectivos estadounidenses involucrados en comba- tes. Precisamente, atendiendo a esta realidad, el senador republicano, y posible candidato presidencial, John McCain, promueve un aumento considerable del contingente norteamericano a fin de contrarrestar la insurgencia y estabilizar la convulsa zona de Bagdad lo antes posible. Más polémico aún es el curso diplomático que propone la comisión, atribuido mayormente a Baker, quien organizó algo similar al cabo de la primera Guerra del Golfo, en 1991. La fórmula consiste en convocar una conferencia regional, que incluiría a Siria e Irán, para conseguir la pacificación de Iraq. Es notorio que Siria e Irán apoyan a los insurgentes con dinero y armas, a la vez que posibilitan el tránsito de yihadistas que engrosan sus filas. En este sentido, ya la administración ha dicho reiteradamente que no negociará con estos dos Gobiernos en tanto persista el respaldo que brindan al terrorismo. Adicionalmente, se niega a negociar con Irán en tanto no suspenda el desarrollo de armas nucleares, tema que se discute actualmente en el Consejo de Seguridad de la ONU. Por otra parte, un influyente sector de opinión ha cuestionado la idea de negociar con Damasco y Teherán debido a la naturaleza del arreglo que podría cuajar. Siria, sin duda, pondría como precio por cesar su ayuda a la insurgencia iraquí la devolución de las alturas del Golán, que controla Israel. Asimismo demandaría el aval a su patente de corso en Líbano y, en particular, eximir a las autoridades sirias del proceso legal internacional por los asesinatos de figuras cristianas libanesas. Por su parte, Irán exigiría libertad para proseguir su carrera armamentista nuclear, que le depararía una hegemonía estratégica en Levante inaceptable para Occidente. Bush se adelanta. Conforme se filtraban al público los detalles de la comisión bipartidista, la Casa Blanca ordenó a los jefes militares del Pentágono efectuar una revisión exhaustiva de las actuaciones estadounidenses en Iraq y, a partir de ese análisis, presentar recomendaciones. También la reciente visita de Tony Blair tuvo el propósito de coordinar el reenfoque. De igual manera, en estos días Bush asistirá a una serie de sesiones en el Departamento de Estado y el Pentágono para formar criterio de posibles correcciones de rumbo en Iraq. Finalmente, en enero próximo, Bush pronunciará un discurso para toda la nación en que anunciará los cambios por adoptar. Los rumores son que ordenará un aumento temporal de tropas similar a la propuesta de McCain y que sí habrá una conferencia diplomática pero con naciones aliadas, como Arabia Saudita y Kuwait, no con Siria ni Irán. En todo caso, ante este abanico de preparativos, las recomendaciones de la comisión sobre Iraq han quedado insertas como algunas más en la gama amplia de opciones sometidas a la consideración del Presidente. Amén de restarle combustible político al informe, el cambio táctico le permitirá a Bush redefinir a su gusto los planes y, ojalá, proyectar una imagen de acción e iniciativa, muy diferente de la del alumno regañado que asomaba hace unos pocos días. Lamentablemente, los hechos siguen siendo más tercos que las palabras y el acontecer trágico en Iraq golpea diariamente el sentir mayoritario de los norteamericanos.
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