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Cuba, Chile y Costa Rica: marca país René Castro Exministro de Energía En la última década, he trabajado en casi toda Latinoamérica y pienso que los modelos alternativos de desarrollo en esta región son liderados o se inspiran en la llamada marca país de Cuba, Chile o Costa Rica. Más aún, pienso que los demás países siguen, con los ajustes a sus propias circunstancias, uno de los tres modelos de desarrollo mencionados. Suscribo la hipótesis basado en la observación personal y en la comparación de datos objetivos. Por ejemplo, en el Informe sobre desarrollo humano (2005) encontramos que, con un máximo posible de uno, los tres países muestran índices superiores a 0,81 y los tres tienen expectativas de vida superiores a los 77 años. Por el contrario, examinado la paridad del poder de compra personal es de tan solo $3,500 anuales para Cuba, $11,937 para Chile y de $10,434 para Costa Rica. ( The World Fact-book, 2006) Para dar un pequeño aporte a la discusión sobre los instrumentos y modelos para el desarrollo nacional, busco responder en este artículo a varias preguntas: ¿Tienen los modelos alternativos alguna relevancia para el bienestar de la población y de los ecosistemas? ¿Qué tan relevante es el comercio internacional? La marca país de Cuba. La marca de Cuba incluiría a un Fidel Castro vestido de verde olivo, quejándose del embargo comercial de los Estados Unidos. Los cubanos estiman que 44 años de embargo (o no comercio libre) le han costado a ese país $86.000 millones, o sea, unos $2.000 millones por año ( El Mercurio, 9 de noviembre). Por eso, llama poderosamente la atención que don Alberto Salom y otros líderes de la vieja izquierda defiendan tesis contrarias para Cuba y para Costa Rica. Me explico, en su lógica la pobreza en Cuba es producto del embargo estadounidense, pero las desgracias en Costa Rica serán provocadas por la aprobación del TLC con Estados Unidos. Sorprende aún más, que don Otón Solís se adhiera a estas tesis y quiera declarar algo así como un “auto- embargo”. Pues siendo economista él sabe que en la práctica ese sería el resultado de rechazar lo negociado o de insistir en su idea de renegociar en forma unilateral. Durante mis visitas a Cuba pude comprobar la existencia de una población equitativamente pobre y desabastecida de equipos de cómputo, refrigeración, medicinas, artículos electrodomésticos y automóviles. También pude comprobar una población educada, pero sin mucha disciplina laboral, con iniciativas particulares y privadas sumamente restringidas. Muchas empresas (estatales o no) ineficientes y un uso intensivo de sus recursos naturales. Una crisis energética perenne, paliada ayer gracias a la URSS y hoy gracias a Venezuela. Es también evidente que les pesa mucho, su “póliza de seguros” contra una potencial invasión armada, pues mantienen un ejército profesional, bien apertrechado y que consume una importante parte del presupuesto empobreciéndolos a todos. La marca de Chile. La marca país de la joven democracia chilena posiciona una economía abierta, con un sector privado pujante y con un sector estatal en proceso de mejora, pero que aún no puede resolver el serio problema energético del país y que además sufre algún resabio de la influencia militar en los asuntos civiles. Sin embargo, basta darse una vuelta por Santiago para atestiguar carreteras nuevas y una infraestructura funcional y moderna. Basta ver el funcionamiento de un congreso que discrepa y luego decide democráticamente acerca de las propuestas de la presidenta Michelle Bachelette o de los propios diputados. Por eso la Presidenta irradia confianza de que durante su gestión aumentará el presupuesto a la educación, trabajará por universalizar los servicios de salud básica y continuará buscando soluciones para la pobreza. Por todo ello, no deja se ser una sorpresa que Chile que, teniendo una población educada y con profesionales universitarios de primera, dependa en más del 40% de sus exportaciones, de la extracción de recursos naturales como el cobre. Y sorprende también que no se aprovechan los años buenos para ahorrar y tener una renta sustituta al agotarse esos minerales. Por ejemplo, solo en el 2005 se destinaron más de mil doscientos millones de dólares ($1.200 millones) a la modernización de las fuerzas armadas, lo que provocó una pequeña reacción en cadena en el sur del continente: acto seguido Perú subió su presupuesto militar para mantener el balance con Chile. Casi inmediatamente Bolivia y Ecuador hicieron lo propio para balancearse con ambos. La marca país de Costa Rica. Costa Rica es una tercera alternativa. El país vive una realidad cambiante; somos un país desarmado, en transición: del subdesarrollo al desarrollado. Somos un ejemplo en la producción de electricidad con energía renovable y uno más del montón que depende del petróleo para el transporte. Somos un país inspirado más en las raíces de Atenas que en las de Esparta. Sin embargo, nos ufanamos más de la preponderancia de la democracia sobre las armas, que en utilizar el comercio para generar riqueza. Observé que en educación y salud los tres países tenemos que trabajar en la mejora de los servicios. A Chile, lo superamos en la universalización de los servicios de salud. A Cuba, en el ejercicio de la democracia y en el uso del mercado como instrumento de creación de riqueza. Llevamos ventaja sobre ambos en no tener el lastre económico y social de un ejército. Pienso que lo anterior nos da una marca país diferente y única que podemos traducir en oportunidades. Primero , porque es nuestra fuerza moral y eso nos ha dado un peso proporcionalmente mayor al que nos daría nuestra pequeñez territorial y económica en el concierto de las naciones. La voz de Costa Rica es oída en las negociaciones y convenciones globales, sean las de ambiente, las de derechos humanos o las de comercio. Otro argumento, que resalta la importancia económica de nuestra estrategia de ser una democracia activa y desarmada, es el dado por la prestigiosa revista The Economist (2 de noviembre del 2006), al justificar que las naciones “utilizan una porción de los impuestos para mantener un ejército y asegurarse de que no les invadan” (Tradución libre del autor). En esta tesis los gastos militares que en los países ricos consumen entre 1-3% del PIB constituyen una especie de “póliza de seguros”. Por eso me ha costado entender la posición de gente educada como el Dr. Rodolfo Cerdas, quien primero minimiza la importancia de la figura de José Figueres en la disolución de ejército y luego critica al presidente Arias por promover la paz y el desarme en nuestro continente. ¿Cede la claridad de su razonamiento ante su antili- beracionismo? Yo pertenezco a las generaciones de costarricense que no hemos tenido que sufrir ni la tutela militar, ni la de las acciones de las corporaciones militares. No les hemos sufrido a la hora de crear consensos ni a la de discutir los destinos del país. Tampoco sufrimos los bancos ni los tribunales solo para militares. Ni lloramos ante su impunidad ni ante las desapariciones de estudiantes y líderes opositores. En suma, pienso que el modelo de Costa Rica aspira a heredar a las nuevas generaciones una pequeña democracia, donde sus líderes sepan que una de sus obligaciones es mantener la coherencia con la aspiración de la nación. Un país pequeño, pero una potencia moral. Sin ceder nada de la convivencia inspirada en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, adiciona ahora una cultura de paz con la naturaleza. Esa es la marca país de la pequeña Costa Rica, y el desarme, nuestra autóctona póliza de seguros.
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