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Ojo Crítico Rodolfo Cerdas Como que llegó la hora de que el Presidente, el Gobierno y la clase política asuman las consecuencias del cambio que se ha dado en nuestro sistema partidario y el surgimiento de una nueva realidad política. Ayer la indigestión se dio con el Libertario, cuando detuvo el paquete tributario. Hoy es con el PAC por su oposición al TLC, aunque los métodos y razones de cada uno sean muy diferentes. Lo importante aquí es que hay nuevos actores y realidades que no pueden ignorarse y que exigen al Gobierno establecer relaciones respetuosas y equilibradas con la oposición, especialmente si es la segunda fuerza política de la Asamblea. Sin ella no es posible gobernar. Puede ser que sus tesis no nos gusten y que su concepción de la política difiera de la tradicional. Pero ese es su derecho y, como minoría en una democracia, tiene la legítima facultad de utilizar todos los recursos legales que juzgue convenientes para defender sus tesis y ejercer su oposición. Por eso el Gobierno comete un error si menosprecia a un adversario de ese calibre; aunque hoy no se le necesite, su fuerza política y representatividad no deben ni pueden ignorarse. De ahí que el autor de esta columna haya insistido en que, a pesar de las diferencias, el Gobierno tenía que acercarse más al PAC y no subestimarlo. Sin embargo, se siguió una dirección contraria y se hizo inevi- table el endurecimiento político de ese partido. El propio presidente Arias sermoneó a don Ottón en declaraciones a Al Día, alegando que la primera regla ética es no hacerle al otro lo que uno no quiere que le hagan, con lo cual le atribuyó gratuitamente al líder del PAC padecer del mismo disgusto que él sufre cuando le hacen oposición y lo critican. Cuando sin mucha consideración al PAC se aprueba el TLC en Comisión; cuando la actitud presidencial hacia don Ottón es la más gélida y distante; y cuando se perfila una torpe campaña macartista contra el diputado Salom, se hace inevitable que el PAC y su fracción reaccionen haciendo sentir su poder y ejercitando todos sus derechos y facultades, como representantes legítimos de un sector ciudadano que, no hay que olvidarlo, casi fue mayoría electoral. La democracia es lucha y negociación, conflicto y acuerdo. Algunos de sus aspectos y recursos pueden llegar a disgustarnos, en especial cuando logran detener proyectos que nos interesan o atrasan decisiones que nos parecen las mejores. Pero así es el sistema y hay que respetarlo, nos guste o no. Solo de ese modo se construyen consensos y se logran hallar soluciones, sobre todo cuando se arriesga desembocar, como podría ocurrir ahora, en un callejón sin salida.
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