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Comentario del evangelio: “¡El Mesías, el Señor!” Concluimos el tiempo del adviento en un día marcado por dos tiempos litúrgicos: hasta la hora nona de hoy se ha vivido la ruta final del adviento y de allí en adelante ha arrancado el tiempo de Navidad con las primeras vísperas de la fiesta de la Natividad del Señor. Al acercarse el momento del anuncio del nacimiento de Cristo y a las puertas de la gran solemnidad de mañana, queremos contemplar y comentar un texto extraordinario que se reserva para la misa de la noche en el día de hoy. Supuesto el texto del domingo cuarto de adviento que nos narra la visita de María a su pariente Isabel y el de la misa de la tarde de hoy que nos pone ante la genealogía de Jesús elaborada por Mateo, llegamos a un texto de Lucas que nos pone ante un pesebre en el que descansa el centro de la historia. El relato comienza con una ubicación cronológica. Se habla de un censo que implicaba a cada quien ir a su tierra de origen para inscribirse. El evangelista destaca el origen de José para acentuar las prerrogativas regias que a través de él recibe Jesús y presenta el esfuerzo de la familia del Señor para recorrer unos 140 kilómetros, la distancia entre Nazareth y Belén, para así ser censados. En estas circunstancias se produce el nacimiento del prototokos de María y José. Nace el hijo primogénito, una expresión que tiene amplias resonancias mesiánicas y que resulta muy apropiada dado el acento judío del relato de la infancia según Lucas. Un hecho que acaece en una pequeña cueva cercana a una posada repleta de gentes, lo cual hacía imposible todo tipo de intimidad, tan necesaria en situaciones como la que se nos narra. La escena luego se traslada al exterior y aparece Dios revelando una gran noticia a gente sencilla: pastores que cuidaban sus rebaños en medio del frío de la noche. Allí los envuelve la presencia de la gloria divina, se les hace ver que las promesas del antiguo testamento se han cumplido y toda la escena se cierra con un canto de ángeles que agrega un ambiente litúrgico y hasta una aura cálida y escatológica sobrecogedora. Y así nos ponemos ante el soter, el Salvador. Ante la mirada de los pastores postrados estará el cristós, el Mesías y el kyrios, esto es, el Señor. Y el panorama no puede ser más contrario a su significado. No hay grandeza, solo sencillez y alegría ante el nacimiento del Niño. Ojalá que hoy, al poner la imagen de Jesús Niño en el portal, cada familia considere el don que ello significa. El mundo, que ayer y hoy muere de frío, en ese Niño puede encontrar calor de hogar. El regalo es grandioso y en ese contexto solo una frase cabe y un gesto: el abrazo y un sincero ¡Feliz Navidad! P. Mauricio Víquez Lizano.
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