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Diputado agresor Las organizaciones femeninas no dicen nada contra las agresiones del diputado Óscar LópezRoberto J. Gallardo N. Politólogo Escuché por radio las últimas horas del trámite del TLC en la Comisión de Asuntos Internacionales. Varios diputados hicieron uso de la palabra para exponer sus argumentos, en un ejercicio que resultaba de alguna manera simbólico, dada la conformación de la Comisión y el límite de tiempo que se definió para su trabajo. Pero siempre resulta interesante, y me doy cuenta de que esto puede parecer inconcebible a mucha gente, escuchar el debate parlamentario, donde es posible ser testigo, ocasionalmente, de intercambios de altura, profundos y respetuosos, en los que la confrontación de ideas sirve para enriquecer el acervo personal. La mayor parte del tiempo el debate entre los diputados se desarrolla en un ambiente de civilidad y respeto. A veces las pasiones se desatan y se producen discusiones acaloradas en las que se traspasan ciertos límites, pero son más ocurrencias esporádicas que un hecho cotidiano. Sin embargo, en cada legislatura hay siempre alguien que actúa como si no se le aplicaran las normas mínimas de convivencia, que cree que su credencial parlamentaria es una carta blanca que le permite vilipendiar desaforadamente al que piense diferente. Irrespetuoso y misógino. Esta caracterización, no solo por lo que le oí decir en la sesión del 12 de diciembre, sino por lo que le he oído decir en el plenario en otras ocasiones, describe con exactitud al diputado Óscar López, quien por razones inexplicables piensa que ser independiente y combativo es sinó- nimo de ser irrespetuoso y misógino, y que por alguna lamentable confusión parece estar convencido de que insultar a sus colegas es parte indispensable de una buena labor parlamentaria. En la sesión mencionada, el diputado López arremetió –otra vez– contra la diputada Evita Arguedas, refiriéndose a la Organización de Mujeres Liberales, de la que la legisladora fuera nombrada vicepresidenta hace algunas semanas, como la “Organización de Mujeres Libertinas”. Decir una cosa así no tiene ningún valor político ni es una declaración ideológica ni aporta nada al debate nacional. El único propósito de decir algo como esto es ofender. No es la primera vez que esta diputada debe sufrir el exabrupto de una persona que cada vez más se revela como un agresor. No por nada la jefa de Fracción del PAC le había solicitado en agosto pasado, cuando López empezó a retratarse con una ofensiva perorata contra la diputada Arguedas en el plenario, que fuera más respetuoso, “sobre todo con las mujeres”. (Por cierto, no quisiera creer que las organizaciones femeninas no han dicho nada sobre las repetidas agresiones del diputado López a la diputada Arguedas por una cuestión ideológica, pues la defensa de los derechos de la mujer debe trascender cualquier consideración de esa índole. ¿O será que las mujeres libertarias y que están a favor del TLC no cuentan con el apoyo de las organizaciones de mujeres?). El último refugio. En esa misma sesión del 12 de diciembre, el diputado López llamó repetidamente “cobarde” y “mentiroso” al ministro de Comercio Exterior porque, según él, el Ministro “había tenido miedo de enfrentarse en un debate con él, un no vidente”. Aparte de que la mención a su condición de no vidente no viene al caso, a menos que la haga intencionalmente, uno entendería al ministro Ruiz por no querer debatir con una persona que considera que insultar es una muestra de firmeza de carácter, de independencia de criterio y de vocación democrática. No puede uno comprender cómo alguien puede llegar a creer algo así, ni cómo puede sentirse orgulloso de agredir a personas con las que se puede discrepar, pero cuya investidura debe respetarse. Como bien decía Isaac Asimos: la violencia es el último refugio de los incompetentes. En la sesión de marras, el diputado López, nuevamente retratándose de cuerpo entero, dijo que no le importaba lo que piensen de él y que tendrán que aguantarlo durante cuatro años. En esto último, desafortunadamente para todos sus colegas y para quienes seguimos los debates parlamentarios, tiene toda la razón.
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