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Tres navidades

¿Cuál navidad escoge para compartirla con sus familiares, amigos y vecinos?

Róger Churnside


Amiga lectora, amigo lector: ¿se ha dado cuenta de que no hay solamente una Navidad sino muchas navidades? Y aclaro: no se trata de que personas, grupos y sociedades celebran la misma Navidad en formas divergentes; sostengo que, para muchos de ellos, “navidad” es un fenómeno o una realidad totalmente diferente. Y perdóneme la insistencia, pero expresaré la idea todavía en otra manera, para que quede lo más clara posible: dicen los sociólogos que la realidad social es tal cual la definen los actores sociales, o estas definiciones tienen consecuencias reales; y mi proposición es que los diversos actores definen “navidad” de modo muy diferente. Como ilustración, voy a describir precisamente tres conceptos de navidad que he observado o percibido personalmente: navidad como visión intermitente de una humanidad mejor; navidad como reinado fugaz de los niños; navidad como ascenso triunfal de los mercaderes.

*El primer concepto está relacionado con los mitos y tradiciones más antiguos de la humanidad. Conscientes de nuestras imperfecciones y con el afán de corregirlas, desde tiempos inmemoriales los hombres y las mujeres recordamos periódicamente a nuestros antecesores que más han contribuido enseñanzas al respecto. Así, por ejemplo, en Oriente se reconoce a Siddharta Gotama –conocido también como Buda o Zakyamuni–, que vivió hace más de 2.600 años, como la máxima figura en la materia. En cambio, en Occidente reconocemos a Jesús de Nazaret, fundador de la religión cristiana hace unos 1.976 años, y cada 24 de diciembre a 6 de enero, período conocido como Navidad, celebramos su venida al mundo, enviado como hijo de Dios, para traer un mensaje de buena voluntad, paz y unidad. Por infortunio, cuando no se manejan apropiadamente las enseñanzas de esos personajes, tienden a debilitarse o diluirse en el transcurso del tiempo, con el riesgo de convertirse en meros códigos ideológicos, expresiones rituales y prácticas ceremoniales.

* El segundo concepto de navidad se refiere a experiencias vividas principalmente en la infancia. De modo directo o indirecto, consciente o inconsciente, para bien o para mal, los adultos vierten los estímulos de esos recuerdos, estacionalmente, al ánimo de los niños, cuya inocencia ensimismada los lleva a anticiparlos, vivirlos y disfrutarlos intensamente. Toman a valor facial las aparentes manifestaciones de afecto y bienaventuranza que conllevan los juguetes y todo tipo de regalos u obsequios que circulan en la época. Seamos claros: reconozco las buenas intenciones y valiosos sentimientos que acompañan muchas de esas prendas; sin embargo, reconozcamos también que otras son meras expresiones de ostentación, emulación, o para “cumplir la obligación”. Pero los niños –benditos sean– agradecen todos y se complacen con todos, sin excepción.

* La tercera navidad que conozco es el agosto en diciembre de los comerciantes. ¡Ellos tienen la sorprendente habilidad de transformar las bellas intenciones de la primera navidad y las tiernas ilusiones de la segunda en extensas acumulaciones de colones y dólares en sus cuentas bancarias! Se ha dicho que, hace alrededor de un siglo, el escritor anglo-irlandés George Bernard Shaw (1856-1950) sentenció: “(Esta) navidad es impuesta a un pueblo renuente y asqueado por los vendedores y la prensa; por sus propios méritos, se quemaría y consumiría en el aliento ardiente del aborrecimiento universal”. ¿Hasta qué punto Shaw tenía razón? O ¿no sería, más bien, que los mercaderes simplemente se aprovechan de la debilidad y frivolidad humana?

A quienes han tenido la paciencia de leer este artículo, les pregunto: ¿cuáles son las navidades que conocen? Y, entre ellas, ¿cuál prefieren?, ¿cuál han escogido este diciembre del 2006 para compartirla con sus familiares, amigos y vecinos?

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