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El genio en la botella Ni el Pentágono ha podido desarrollar herramientas para vigilar InternetArnoldo Madrigal arnoldomadrigal@gmail.com Profesor UNA El alegórico enfoque de una noticia difundida en el noticiero del canal 6 sobre el fascinante hallazgo de una carpeta compartida en una computadora de la Policía del Transito que contenía material pornográfico, me hizo reflexionar sobre un área muy difícil de mejorar en la administración de los recursos informáticos en las organizaciones de todo tipo, incluyendo la Policía. Varios factores deben ser considerados en este análisis: cómo educar a los gerentes o, como les dicen en el sector publico, a los jerarcas para establecer prácticas y comportamientos relacionados con valores y actitudes para el uso de los activos físicos y lógicos (intangibles) de una organización, y hasta dónde llega la privacidad de las personas que usan los recursos. La solución no es trivial. Hace tiempo, en los lugares de trabajo era prohibido usar el teléfono para llamadas personales, ni siquiera recibirlas; el fax era solo para uso de la oficina y ni que decir del fracaso al querer controlar el uso de copiadoras y correo electrónico sin dejar pasar el consumo de café, azúcar y papel higiénico. Gran amenaza. Los auditores se han divertido horrores haciendo reportes y generando expedientes administrativos y debidos procesos para evitar los abusos causados por los empleados que llaman sin control, fotocopian textos académicos, se llevan el azúcar del café para la casa o el papel higiénico y, más recientemente, papel de impresora, suministros y discos compactos con información o vacíos. Aterrorizados y felices, han descubierto la gran amenaza que reside en la habilidad de las personas de encontrar aplicaciones gratificantes relacionadas con elementos que se usan para trabajar, como oír música en la PC, copiar videos hacer chats con la novia o verla todo el día si se quiere.. No en vano una de las carpetas del MS Windows se llama escritorio (desktop) que es una carpeta pensada para tener allí como en una papelera o en el sobre del escritorio las cosas que más se puedan necesitar en el trabajo diario; asociada a esta carpeta se encuentran las diferentes carpetas, que serían una analogía de las gavetas del escritorio. Al igual que en una oficina física –de átomos– la oficina virtual – de bits– la computadora puede crear archivadores de uso común (carpetas compartidas) o personales para uso exclusivo de alguien, inclusive protegidos con claves. El software de oficina (ofimática) obliga a la administración a redefinir los ambientes de trabajo y a replantear los conceptos de privacidad, control interno, valores, ética laboral, eficiencia y motivación. Nada ha funcionado. Con el uso masivo de Internet, la red ofrece y refleja la sociedad misma y la instantaneidad de acceso a todo lo bueno y lo malo, como nunca antes. Los usuarios de ofimática aprenden solos, todos los días, nuevas formas de comunicarse entre si, para socializar o intercambiar información de trabajo o personal, de manera indiscriminada, como en las conversaciones telefónicas. Nadie, ni el mismo Pentágono, ha podido desarrollar herramientas prácticas para la vigilancia en Internet. Solo queda volver a lo elemental al concepto de ser y parecer. Trabajando en valores y comportamientos en ética y productividad se puede lograr un balance aceptable. Se imaginan si los auditores y los vigilantes de las empresas revisaran los escritorios físicos de las personas. ¿Quién lo permitiría? La Sala Cuarta estallaría por los amparos. Es inaceptable que un auditor venga a mi escritorio lógico y revise y vea sin mi consentimiento mis archivos y carpetas, y mucho menos si borrara mi carpeta de Angelina Jolie.
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