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Temas que nos hacen estúpidos

Una persona no es responsable por ser tonta, idiota o imbécil, pero sí estúpida

Víctor M. Buján Delgado
mvbujan@yahoo.com
Educador

Ciertos términos han sido usados a través del tiempo para insultar y, en consecuencia, resulta muy difícil emplearlos en una discusión objetiva en beneficio del examen racional. Veamos solamente cuatro ejemplos: “tonto”, “estúpido”, “idiota” e “imbécil”. Ante estas palabras, tendemos a reaccionar como la persona que oye graves ataques, injurias, argumentos ad hóminem, ultrajes, etc. Por eso ruego al lector que, al menos por un momento, despojemos estos vocablos de toda connotación insultante.

Me permitiré sugerir que es conveniente hacer una distinción entre el vocablo “estúpido” y los otros tres, porque tal distinción puede contribuir a una mejor conducción de nuestros asuntos. Intentando realizar dicha separación, invocaré en mi auxilio el librito Psicología de J. Trejos, que leí cuando era estudiante de secundaria. El autor presentaba una gradación de estados de retardo mental citando, ya no recuerdo en qué orden, “fronterizo”, “morón”, “idiota”, “imbécil” y otros. Sospechosamente, no figuraba en esta lista el término “estúpido”.

Condiciones congénitas. Por cierto, el Diccionario de la Real Academia no me ayuda mucho que digamos en mi esfuerzo por apartar la palabra “estúpido” de los otros tres vocablos, pero S. Sutherland, en su libro Irracionalidad, el enemigo interior, y P. Tabori, en su Historia de la estupidez humana, sí lo hacen y sostienen una tesis importante: una persona no es responsable por ser tonto, idiota o imbécil, porque estas son condiciones con las cuales la persona nace y no está en sus manos cambiarlas. Por el contrario, todos somos responsables por comportarnos o por hablar estúpidamente de vez en cuando, y me temo que casi nadie deja pasar un año entero sin cometer alguna estupidez venial o mortal.

Nótese que hablo en primera persona porque cada fin de año observo con tamaño susto el número de ocasiones en las que he cometido alguna estupidez. Los dos últimos libros citados hablan de muchas personas inteligentes que se conducen estúpidamente en algún momento de debilidad o de descuido. Digámoslo de nuevo brevemente: de tontería, idiotez, imbecilidad, los humanos no son responsables porque fue voluntad de Dios el que padezcan estas condiciones. Pero somos responsables si nos comportamos estúpidamente. Oscar Wilde llama a la estupidez un pecado, subrayando así nuestra responsabilidad por nuestras estupideces. Dicho esto, valdría la pena pasar a examinar algunos temas que constituyen verdaderas trampas que pueden arrastrarnos a pensar estúpidamente.

Dos temas peligrosos. Conozco dos ejemplos de esos temas de alto riesgo. Primero: podríamos recibir la noticia de que un asesino fue condenado a tres cadenas perpetuas. Si nosotros aceptamos que una pena de tres cadenas perpetuas es más severa que otra condena de solamente dos cadenas perpetuas, obviamente nos habrán hecho pensar de manera estúpida. Segundo: si algunas de las personas que tiene que enseñar Matemática a los niños no saben Matemática, ¿por qué entonces hemos venido oyendo y leyendo a lo largo de muchos años que las autoridades se proponen aliviar el problema impartiendo cursos de metodología de la Matemática; o sea, dando cursos sobre cómo enseñar bien esta materia?

Supongamos que el lector no sabe de Química. ¿Podrá alguien convertirlo a usted en un buen profesor de Química, materia que usted no conoce, dándole cursos de cómo enseñar correctamente la asignatura Química? Una vez más, si respondemos que sí, es que nos han puesto a pensar estúpidamente.

Terminaré dando buenas noticias al lector citando palabras de Tabori: “La estupidez es, en considerable proporción, la perezosa y a menudo voluntaria negativa a utilizar lo que la naturaleza nos ha dado, o la tendencia a utilizarlo erróneamente”. Este autor subraya así el hecho de que, afortunadamente, nuestra estupidez es una condición transitoria que está en nuestras manos prevenir y, además, superar. Seamos cuidadosos siempre, pero, especialmente, en aquellos temas que hacen probable que caigamos en pensamiento estúpido.

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