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Cómoda “democracia” Manfred Victory Centeno Ingeniero industrial Desde pequeño, mis padres me enseñaron que el trabajo honesto y esforzado sería lo único que me llevaría a conquistar mis metas. Hoy, después de ser testigo de la muestra de irrespeto y egoísmo desplegada por algunos sectores poco propositivos de la sociedad durante las protestas contra el TLC, estoy convencido de que ese consejo es acertado y valioso. En meses recientes, vi mi calidad de vida menguada gracias a unos cuantos que se dieron a la tarea de “salir a defender la democracia a la calle”. En las más de dos horas que obstruyeron mi acceso al trabajo me pregunté: ¿Cuál democracia están defendiendo al obstruir el paso y atentar contra los derechos de sus semejantes? ¿Quién les ha dado la prerrogativa de denominarse representación del pueblo? Sus convicciones, filosofía y actuaciones nada tienen en común con las mías; lo prueba que, mientras ellos usaron horas laborales para protestar –porque jamás destinan tiempo fuera de horario de trabajo a su lucha– yo, pese al atraso, cumplí a cabalidad con mis deberes. Al descubierto. Sobre esto, deseo dejar claro a todos los dirigentes y miembros de sindicatos, que tratan de hacernos creer que tienen gran apoyo popular, que su mentira quedó al descubierto gracias a la mayoría de costarricenses honrados, que hicieron lo posible por ir a trabajar para sacar adelante al país, aunque ustedes obstruyeran su paso. El despliegue realizado por este grupo es solo un cínico recordatorio del derecho a la vagancia e irreverencia que se han otorgado en las últimas décadas. Su lucha no es por el país, mucho menos por la democracia, es un intento egoísta por mantener sus “privilegios”. A todos los adultos que han tomado la costumbre de hacerse notar estorbando, solo deseo decirles que la época del paternalismo estatal desmedido ha llegado a su fin. Aun cuando se lancen a las calles a defender su comodidad, no podrán ciertamente ponerle un alto al desarrollo ni a la competencia que vendrá a poner en evidencia su mal desempeño. Caras tapadas. Me resulta más preocupante que algunos otros se valgan de ser estudiantes para tratar de continuar con este círculo vicioso que fomenta el caos y la violencia sobre el trabajo. ¿Cómo prefieren estos universitarios salir a agredir a ciudadanos y no trabajan con este empeño para divulgar los valiosos estudios sobre el TLC que han elaborado sus casas de enseñanza? Con esta interrogante encontré una respuesta a las caras tapadas de muchachos que tampoco representan a la mayoría de los universitarios. Como gerente en una compañía de inversión extranjera, veo con gran esperanza a cientos de jóvenes que toman su trabajo con seriedad y esmero, con la mente clara en que el compromiso y la responsabilidad son necesarios para ejecutar cualquier labor. Saben que el trabajo es una gran responsabilidad, pues no se trata de cumplir con un horario, sino de generar desarrollo y bienestar a la sociedad. Esta nueva generación ya no quiere seguir costeando la mediocridad de unos cuantos, y mucho menos premiándola con más privilegios. Si estos grupos que salieron a impedirnos la movilización dos días no desean trabajar, pueden retirarse y dejar espacio a los que sí deseen responder a la sociedad con servicio y resultados. ¡Eso es defender los intereses de la mayoría!
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