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Caos informático en el INS Los ampulosos planes informáticos anunciados hace cuatro años terminaron en un desastreEl desbarajuste institucional público se ha consumado con la complicidad de autoridades internas, gremios y políticos populistas Podría abrirse un concurso nacional para determinar cuál institución pública incurrió, en estos años pasados, en más y más originales disparates o despropósitos en orden a la gestión interna. De este modo, la diversión o el pasatiempo contribuirían a aliviar un poco la impotencia y la amargura que debe sentir el pueblo informado, ante el nivel de incompetencia e irresponsabilidad institucional exhibido por el Estado en estos años. Cada día nos depara una sorpresa y, al parecer, la capacidad de asombro no termina, dados el número y novedad de las torpezas documentadas. La Nación agregó, el sábado pasado, a su voluminosa lista de denuncias sobre el señorío de la incapacidad institucional en el sector público un episodio más, esta vez en el INS, como si no hubiera sido suficiente la saga de los reaseguros, que tampoco ha concluido. Dicha información proviene, como muchas otras, de estudios de la Contraloría General de la República, agobiada, como es lógico suponer, por una plétora de trabajo originada en un Estado hipertrofiado, ineficiente y derrochador. Si el Estado no ha podido satisfacer adecuadamente sus cometidos esenciales en cuanto al servicio público, por largo tiempo, su funcionamiento en los últimos ocho años ha llegado a límites intolerables, como lo demuestra la serie de reportajes publicados por este periódico. Escribimos este editorial con la convicción plena de que el pueblo tiene derecho a recibir una información cabal sobre la forma como se han administrado los recursos públicos y dirigido las instituciones. Asumimos, con todo, el riesgo calculado de que, mañana o pasado mañana, salte a la palestra algún dirigente sindical o político populista para enrostrarnos, transido de patriotismo, como ha ocurrido, que, tras estas informaciones, se oculta el plan malévolo de la privatización o de la reducción de los recursos aplicados a los programas sociales… En décadas pasadas, las denuncias de La Nación sobre la corrupción política o el clientelismo se calificaban como un ataque perverso “contra las conquistas sociales del pueblo de Costa Rica”. Siempre aparece algún pretexto o disimulo para no enfrentar la realidad y la propia responsabilidad. El título del reportaje de La Nación del sábado es categórico. “INS hundido en caos informático”. ¿No había anunciado un presidente ejecutivo, hace cuatro años, que el INS se había adentrado en la era de la informática, del orden y de la eficiencia? Todo desembocó, sin embargo, en uno de los mayores desastres informáticos del Estado, como si los anteriores, algunos un emporio de hilaridad, en otras entidades públicas no hubieran sido suficientes. ¿Estaremos condenados los costarricenses a sufrir la vergüenza, ante propios y extraños, de que no hemos sabido construir carreteras ni mantenerlas, ni utilizar los maravillosos recursos de la tecnología en el ámbito del Estado, por la incompetencia de los funcionarios obligados a cumplir con su deber? Se supone que el INS debió haber sido, desde hace mucho tiempo, un paradigma de eficiencia y orden en su administración y dirección internas, gracias al aporte de la informática. Nos enteramos, ahora, de que convirtió las computadoras en trastos viejos, que nunca pudo usar, y que está expuesto a sobresaltos impredecibles. Mientras tanto, confiamos en que el proyecto Alfa, anunciado por la actual administración del INS, funcione a tiempo y que se logre, algún día, poner a buen recaudo los intereses de esta institución y de sus clientes, ahora a la intemperie, y hacer justicia contra quienes, por acción o por omisión, provocaron este desbarajuste, muchos de los cuales renunciaron antes del 2006.
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