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Seis décadas de paz

La aprobación o rechazo del TLC debe establecerse por el camino institucional

Carlos Ml. Vicente Castro
Exministro de Gobernación

Las nuevas generaciones creen que la paz política y el prestigio de que goza Costa Rica, como país democrático, civilista y amante del diálogo, nos cayeron del cielo.

En el centenario del nacimiento de don Pepe, tuve la oportunidad de asistir a muchos de los actos que se celebraron en su memoria y en todos se hizo referencia al enorme gesto democrático de la abolición del ejército. Se comentó también la importancia de la creación del ICE, y se enfatizó en que, a partir de don Pepe, disfrutamos de libertad electoral.

A esas y otras conquistas tenemos que agregar una más, no citada, el ordenamiento institucional logrado por este insigne estadista.

Descarados fraudes. Los que cargamos más de 80 años recordamos los enormes y descarados fraudes que determinaron numerosas elecciones antes de 1948. Otras veces fueron frecuentes las componendas entre dos o más partidos para repartirse el poder, dejando de lado la consulta popular. Hoy un fallo del Tribunal Supremo de Elecciones no se discute, no se duda, sabemos que es producto de la honorabilidad.

No andaba mejor el Poder Judicial, totalmente parcializado, con magistrados escogidos a dedo por el presidente de turno, quien los convertía en subalternos obedientes a sus mandatos. Hoy el Poder Judicial, que goza hasta de autonomía económica, cuenta con la confianza de todos los costarricenses, igual que la Fiscalía, que ahora dispone de los recursos y la tecnología necesarias para que se cumpla la justicia, como debe ser en una democracia.

¡Y ni qué decir de la Contraloría General de la República, cada día más ejecutiva y más alerta, en sus luchas contra las irregularidades!

Empleado protegido. El Servicio Civil dio dignidad al empleado público, que ya no está expuesto al despido si no simpatiza con el presidente o con el partido que ganó las elecciones. Hoy está protegido por el Estatuto del Servicio Civil. Además, ahora no se le rebaja el sueldo para pagar la deuda política, pues ese gasto es obligación del Estado.

La Asamblea Legislativa es verdaderamente democrática. Cada una de sus fracciones tiene sus propios planteamientos y sus respectivas legiones de asesores. Ninguna de ellas alcanza la mayoría calificada, con lo cual el debate político se intensifica.

En una democracia siempre habrá pros y contras, por eso es democracia. Un asunto tan importante como el TLC con Estados Unidos no es la excepción. Su aprobación o rechazo debe establecerse por el camino institucional que nos legó don Pepe. Es decir, debe ser negociado por el Poder Ejecutivo de los países negociadores. A la Asamblea Legislativa le corresponderá aprobarlo o rechazarlo.

Orden y respeto. Las protestas callejeras son parte de nuestro juego democrático y deben ser ordenadas y respetuosas. Si se apartan de nuestro quehacer institucional, se convertirán en rebelión, con todas las consecuencias que conllevan las revueltas irreflexivas.

Por encima de estar a favor o en contra del TLC, debemos defender nuestra vida democrática, el espíritu opuesto a la violencia, y expresar siempre nuestra vocación a mantener la paz. Esas conquistas sagradas deben normar nuestras actuaciones y nuestras vidas.

Respetemos el sendero del orden institucional que nos legó don Pepe. Sigamos siendo un país de hermaniticos.

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