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En Vela Julio Rodríguez envela@nacion.com Aunque algunos no lo crean, por la violencia verbal y física imperante, estamos en Navidad. La Navidad contiene un mensaje perenne de paz, amor, justicia y libertad. No quisiera, por ello, enturbiar con palabras inoportunas este ambiente de bienandanza, pero el deber me llama. Ottón Solís, excandidato del PAC y, al parecer, aspirante número uno, por tercera vez, con todo derecho, para las justas electorales del 2010, se ha reconciliado, según proclama un mensaje de ANEP, “con los sectores sociales”. En el diccionario simbólico sindical, los sectores sociales no son, obviamente, los sectores sociales del país, pues nadie les ha dado esa representación, sino ellos, los sindicalistas y políticos afines. Con todo, lo que importa señalar es que entre el PAC y el grupo sindical duro se ha hecho la paz, y la calle sustituirá a la democracia y al Estado de derecho. La paz, sin embargo, está en peligro o, como dice el Frente contra el TLC, “bajo acecho”, en las propias filas del PAC. Ottón Solís, transido de pasión sindical, exclamó el martes, una vez aprobado el TLC en la comisión legislativa: “No entiendo por qué le creen más a La Nación que a mí”. Por su parte, Elizabeth Fonseca, historiadora y jefa de fracción del PAC, declaró, hace algunas semanas, que casi nadie lee La Nación. Entonces, la divergencia entre ambos líderes es total. O somos o no somos. Si, de acuerdo con la confesión pública de Ottón Solís, la gente cree más en La Nación que en él, lo que explicaría el derrumbe con las alcaldías, es sencillamente porque La Nación, hasta ahora, tiene una credibilidad que, hasta ahora, Ottón no tiene. Pero, si, según su jefa de fracción, casi nadie lee La Nación, el problema del valor ético de la credibilidad para Ottón Solís se convierte en tragedia pues bastan unos pocos lectores para hacer que la gente crea más en La Nación que en Ottón. Y, si esto ha ocurrido hasta hoy, ¿qué no ocurrirá, de ahora en adelante, dada la alianza entre el PAC y los sindicatos, que incitan a la rebelión? No me corresponde a mí, obviamente, simple espectador de la realidad nacional, zanjar esta cuestión. El problema es doméstico: si Ottón Solís tiene razón, le corresponde a él hacer el examen de conciencia y ganar credibilidad, y si Elizabeth Fonseca cree que unos pocos lectores son suficientemente poderosos para afectar a su líder, entonces, o está mintiendo, siendo historiadora y política, o tampoco cree en Ottón Solís. ¡Que esta Navidad les proporcione a ambos paz interior y pac exterior!
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