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Moderado optimismo Daniel Zovatto Los datos del nuevo informe de Latinobarómetro (LB2006) dan fe del moderado optimismo que hoy se extiende en la región, consecuencia del buen momento macroeconómico y del rali electoral que en los últimos 14 meses ha permitido la renovación, a través de las urnas, de 11 de los 18 presidentes latinoamericanos. Como los de la última década, estos datos siguen mostrando la heterogeneidad estructural que caracteriza a Latinoamérica y, por ende, obligan a desagregar el análisis nacional, dadas las marcadas diferencias que existen entre los países de la región. La recuperación del crecimiento económico a partir del 2002, pero sobre todo durante tres años consecutivos (2004, 2005 y 2006) con tasas superiores al 4,5%, y la buena salud de la democracia electoral, en la gran mayoría de los países, han venido acompañadas de un alza moderada tanto en el apoyo como en la satisfacción con la democracia. Leve mejoría. El piso democrático que hemos construido en Latinoamérica durante el último cuarto de siglo no solo sigue vigente, también ha roto la inercia y ha experimentado una leve mejoría. En efecto, el apoyo a la democracia creció un 5% respecto del 2005, pasando del 53% al 58% y acercándose de este modo a su nivel más alto (63%), registrado en 1997. Argentina alcanza nada menos que un avance de 9 puntos, y pasa del 65% en el 2005 al 74% en el 2006, lo que la ubica en el tercer lugar, cerca de Costa Rica (75%, segundo lugar) y de Uruguay que, con un 77%, vuelve a ocupar el primer lugar en el ámbito regional. Los datos más bajos se registran en Guatemala y Paraguay (ambos con un 41%). Importa destacar, empero, que el apoyo a la democracia en los dos mayores países de la región queda por debajo de la media regional: 54% en México, con una caída del 5% respecto de 2005, y el 46% en Brasil, pese al aumento del 9% desde el 2005. Cuatro países han experimentado incrementos significativos del 2005 al 2006: Honduras, con un 18%; Perú con un 15%; Bolivia con un 13%, y República Dominicana con un 11%. Tres países, en cambio, mostraron una reducción considerable en el grado de apoyo democrático: Venezuela, que disminuyó un 6%, y Ecuador y México que descendieron un 5% en cada caso. Por su parte, la satisfacción con la democracia –una variable más volátil que se correlaciona bastante bien con la evolución de la situación económica– también registra un destacado ascenso (7%), pasando del 31% en el 2005 al 38% en el 2006. En esta variable, Uruguay ocupa el primer lugar con un 66% de satisfacción, seguido de Venezuela con un 57% y de Argentina con un 50%. En los tres últimos lugares se encuentran Paraguay (12%), Ecuador (22%) y Perú (23%). Así, mientras la mayoría de los países experimentó alzas importantes en la satisfacción con la democracia (Panamá, un 20%; México, un 17%; Argentina, un 16%, y Bolivia, un 15%), solo dos mostraron caídas significativas: El Salvador (12%) y Paraguay (5%). Provecho de pocos. Sin embargo, y pese a estas buenas noticias, en la generalidad de los países existe la percepción de que las élites gobiernan para el provecho de solo unos cuantos y no de las mayorías. El 69% (promedio regional) cree que su país está gobernado por varios grupos poderosos que solo buscan su propio beneficio. En escasos países se advierte un porcentaje elevado de ciudadanos que opina que su Gobierno se ocupa del bien del pueblo en su conjunto, entre los que cabe destacar a Venezuela (50%), Uruguay (43%), Bolivia (38%) y Brasil (36%). Argentina se sitúa en el noveno lugar, con tan solo un 22%, es decir, 4 puntos por debajo de la media regional, del 26%. Este moderado optimismo viene acompañado de una presión de expectativas, en alguna medida impulsadas no solo por el buen momento económico, sino, además, por las promesas hechas durante el desarrollo de las 11 campañas presidenciales. El 58% (promedio regional) cree que se puede nacer pobre y llegar a rico. Los países donde predomina esta percepción son Perú (74%), Nicaragua (67%) y Costa Rica (66%). Por su parte, Argentina (38%), Paraguay (38%) y Uruguay (34%) son los más pesimistas. Pero mas allá de optimistas o pesimistas, es cierto que, como surge también de los datos de LB2006, la movilidad intergeneracional se mantiene baja, pues un 61% de los latino- americanos cuyos padres contaban con educación básica conserva el mismo nivel educativo. Por otro lado, LB2006 refleja que, si bien la confianza en la mayoría de las instituciones sigue siendo baja –como también sigue siendo baja la confianza interpersonal (22%)– la mayoría de ellas han experimentado un leve repunte: los bomberos ocupan el primer lugar (82%); la Iglesia, el segundo (71%), seguidos por la radio (69%) y la televisión (64%). Dos instituciones muestran un estancamiento respecto del 2005 (la Iglesia y la Policía). Por su parte, pese al intenso calendario electoral, los congresos (27%) y los partidos políticos (22%) vuelven a situarse, como en años anteriores, en el penúltimo y último lugar, respectivamente. Nos interesa señalar que el 58% opina que no puede haber democracia sin partidos y un 55%, que no puede haber democracia sin congreso. Desempleo y pobreza. Asimismo, LB 2006 ratifica como principales problemas el desempleo (24%) y la pobreza, por un lado, y la inseguridad (16%) y la delincuencia, por el otro. En ocho países el primer problema es el desempleo (Brasil, Ecuador, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú y Uruguay) y en cinco, la inseguridad, (Argentina, El Salvador, Guatemala, Honduras y Venezuela), mientras en los cinco restantes el principal conflicto incorpora otros componentes: en Bolivia, el desempleo y la pobreza; en Chile, el desempleo y la delincuencia; en Costa Rica, la delincuencia y la inflación; en Colombia, el terrorismo, la violencia y la guerrilla, y en República Dominicana, la inflación. Cuando analizamos ambos problemas (delincuencia y desempleo) en los últimos años, vemos que, mientras la delincuencia se ha duplicado en el periodo 2003-2006 (del 8% al 16%), el desempleo ha decrecido, pasando del 29% al 24%. Resumiendo: la leve mejoría de la mayoría de los indicadores –debido en buena medida al buen momento macroeconómico que vive Latinoamérica y a las expectativas generadas por 11 elecciones presidenciales– muestra que la región avanza en la dirección correcta, dejando atrás, progresivamente, el periodo de marcado desencanto e insatisfacción con la democracia, que, sin embargo, como acaba de señalar The Economist (“The Democracy Dividend”, 9 de diciembre del 2006), falta aún mucho camino por recorrer. En otras palabras, los datos de LB2006 ponen de manifiesto, de manera clara, que, si bien la democracia en Latinoamérica es más resistente de lo que muchos creían, su consolidación es, asimismo, mucho más compleja y demanda mucho más tiempo del que originalmente se pensó.
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