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Pixeles, realidad y compromiso

Corremos el riesgo de convertimos en espectadores en vez de actores de nuestra vida

Helena Ma. Fonseca de Odio


Extraordinario fue el reportaje de Proa sobre el juego gratuito online Second Life. Los 1,3 millones de usuarios registrados –y 20.000 más cada mes– tienen un “menú a la carta” para diseñar una versión digital de ellos mismos. Esta “segunda vida” cuenta con una ciudad de 80.000 metros cuadrados virtuales.

Los usuarios tardan un promedio de 4 horas en diseñar su apariencia física, que incluye rasgos y medidas perfectas. No tienen personalidad definida, nadie los conoce, no tienen trabajo ni estudios ni amigos ni raíces familiares.

“Su única tarjeta de presentación es su aspecto y de esto dependen las posibilidades para entablar nuevas relaciones”.

Según la revista Harvard Business Review, se pueden realizar transacciones mensuales por $5 millones al mes en productos y servicios virtuales: casas, carros, viajes, casinos. La mayoría de usuarios pregunta: “¿Cómo hacer dinero y dónde está el sexo?” pues hay pornografía, nudismo y prostitución. También existe otro “menú”, para “relaciones serias”.

En clave de fuga. ¿Podría ser este juego un pasar la página a la realidad, un escape, una diversión? ¿Será un vivir en “clave de fuga” ante una sociedad que nos tiene sometidos a un reclamo constante de expectativas y exigencias “estandarizadas” que hipotecan la vida hacia una “carrera” absurda y agotadora? La vida nos lleva muy de prisa y no tenemos tiempo a veces para pensar y reflexionar. ¿Quién soy? ¿Para qué vivo?

Buen punto de partida es siempre la verdad, conocernos y aceptar la verdad sobre nosotros mismos, vivir de acuerdo a las propias posibilidades. Esto es señal de madurez humana y un ingrediente importante para ser feliz. Nada de “telenovelas”. “Quien no pide a la vida más de lo que esta puede darle, ha entendido lo que es el realismo”.

Muchos problemas innecesarios llegan cuando no se es realista. No confundamos esto con la mediocridad y el conformismo. Hay que soñar, tener grandeza de ánimo, conquistar retos, hacer de la vida una existencia ilusionada, querer hacer bien las cosas. La convocatoria es universal, estupendo spinning que tonifica la vida y le da sentido trascendente, ayudándonos a estrenarla cada día.

Déficit de madurez. La despersonalización es un fenómeno de la cultura actual. Conduce a una crisis de identidad. Esa despersonalización favorece el que no asumamos el protagonismo de nuestra vida. Nos convertimos en espectadores en vez de actores.

Se asume una postura fácil, cómoda y que acusa un déficit de madurez humana: el síndrome crónico del anonimato. No nos comprometemos con nada ni asumimos la responsabilidad de nuestros actos.

Otros podrían terminar eligiendo por nosotros en la vida cuando no tomamos el timón de la existencia. Hay que “pechar con la propia responsabilidad”.

Los padres de familia tenemos una parcela de responsabilidad importantísima en todo el tema del uso adecuado de la televisión, los videojuegos, la Internet.

El 70% de los niños están usando videojuegos violentos. El 50% de los niños saben que, si sus padres conocieran los juegos que utilizan, no los dejarían usarlos. Véase el caso del videojuego San Andreas, una de cuyas posibles misiones es convertirse en proxeneta, ladrón o asesino por encargo. ¿Por qué existe una estadística que arroja que el 57% de las personas instalan el antivirus en las computadoras y solo un 17% pone los filtros para protegerse de contenidos nocivos? ¿Será que nos importa más la integridad de las computadoras que la de la propia familia? Si nuestros compromisos reflejan nuestras pasiones, tenemos entonces que calibrar qué pasiones definen nuestra vida: ojalá una vida real y no una virtual donde podría recordarnos Miguel Ángel Buonarroti: “No hay daño tan grande como el del tiempo perdido”, y “quien ha cultivado su espíritu es capaz de ver más allá de lo que sus ojos le enseñan”.

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