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Noches de paz… para algunos Wilbert Arroyo Álvarez Catedrático, UCR Costa Rica es aún un proyecto en desarrollo, y, muchos en círculos académicos –donde se supone son más abiertos a fomentar la discusión inteligente y veraz– han rehuido la responsabilidad histórica de aportar. Algunos han optado por criticar, en privado y entre los que piensan igual, en forma mezquina y malintencionada, a quienes, como yo, expresan su punto de vista públicamente sobre temas del modelo de Estado. Me refiero al “círculo académico” pues a él pertenezco y he tenido que soportar, con no poca tristeza, que algunos colegas se dejen decir en mi contra una sarta de improperios que ni son justos ni deben ser propios de quienes conviven en el seno universitario, a la sombra de su emblemático escudo y su girasol “en busca de la luz” (Lucem Aspicio). Recientemente critiqué los bloqueos callejeros que se atribuyeron a estudiantes universitarios, con pasamontañas, y a quienes utilizarían bombas tipo molotov para manifestarse en contra del TLC. Una colega académica, amparándose en una malentendida libertad de cátedra, utilizó sus horas lectivas para emprenderla contra este “escribidor” por no ser “santo de su devoción” (sic), dado que había osado criticar esos lamentables episodios estudiantiles y, sobre todo, no ser “afín a la política universitaria”, contraria al TLC. Los primeros. Eso me hizo sentir la necesidad de averiguar esa “política universitaria” y preguntar a estudiantes y profesores que al azar encontré en el campus, sobre su postura. Con franqueza, ninguno dijo estar de acuerdo con esas “manifestaciones” callejeras, de estudiantes y docentes y, respecto al TLC, no encontraban mayores objeciones que las que se vienen dando en todo aquello que suene a “gringo”, aunque los que asumen estas posturas son los primeros en ir de compras a Miami para estas fechas y ya corren a comprar el ciprés más grande para adornar sus cómodas mansiones en Navidad, arrullados al calor de sus chimeneas y el olor de las rojas manzanas de California. Realmente frustra que quienes se oponen al TLC en estos sectores académicos y exigen inclusión y justicia social, son los que no deben preocuparse de nada para celebrar la Navidad pues, con o sin TLC, seguirán recibiendo puntualmente sus abultados salarios. No pasa lo mismo con quienes, ante la inercia del país en aprobar ese tratado, han perdido sus empleos en empresas que, ante la caótica situación que –entre otros “cómodos asalariados”– promueven aquellos desde las aulas, se han ido a otros países centroamericanos, dejándolos sin sustento salarial y sin posibilidad de que sus familias puedan comerse el tamal navideño y mucho menos festejar, pues no son de la clase privilegiada.
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