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Los frutos de la globalización Economías emergentes representaron la mitad del PIB mundial en el año 2005Ennio Rodríguez ennio.rodriguez@gmail.com Economista Durante 18 siglos, China e India dominaron la producción mundial, representaron en promedio el 80% del PIB mundial hasta 1820. El avance tecnológico, la liberalización comercial y formas más eficientes de organizar la producción en Europa y Estados Unidos significaron que para 1950 la participación de los gigantes asiáticos había caído al 40%. Rechazaron la apertura comercial, se rezagaron en sus tecnologías y sus productos per cápita cayeron desde finales del XVIII. ¿Estaremos viendo el regreso de los gigantes del pasado? Las economías emergentes, lideradas por China e India, representaron en el 2005, la mitad del PIB mundial medido por el poder de compra de paridad (un 30% medido por el valor de mercado de sus tipos de cambio). Un verdadero hito en la historia económica mundial moderna. Las exportaciones de los países emergentes también pasaron de 20% en 1970 a 43% en 2005. Solo China pasó de representar un 4% de las exportaciones mundiales a un 10% esperado para 2007. El proceso continúa. Durante los 5 años anteriores, las economías emergentes crecieron a una tasa promedio del 7%, mientras los países desarrollados promediaron 2,3%. Por su parte, el PIB mundial per cápita creció a la tasa más rápida registrada: 3,2% desde el 2000. A tambor batiente. Estos datos, sin parangón en la historia, son reflejo de la globalización. Además, cabe destacar que el periodo de globalización anterior, que terminó con las guerras mundiales, solo benefició al 30% de la población mundial. El presente proceso abarca a casi la totalidad de la población mundial, lo que ha permitido que millones salgan cada año de la pobreza. El regreso de los gigantes tomará su tiempo; no obstante, si mantienen su apertura externa, altas tasas de ahorro y políticas claras de atracción de inversiones, continuarán incorporando su abundante fuerza laboral y aumentando su peso en la economía mundial a tasas superiores a las que pueden aspirar los países ricos. La discusión no es si lograrán resurgir, sino cuándo (The Economist, 12-22/9/06). En los países ricos la globalización se ha visto acompañada de un aumento de la desigualdad producto del aumento en las retribuciones al capital y a los altos ejecutivos en desmedro de los trabajadores. La puja distributiva entre el capital y el trabajo se desplazó de las economías keynesianas cerradas a un mundo globalizado. En efecto, el ingreso de China, India y la antigua Unión Soviética al capitalismo de mercado ha duplicado la fuerza de trabajo (de 1.500 millones a 3.000 millones de trabajadores), con la consecuente reducción del precio relativo del trabajo y el aumento de los rendimientos del capital. Por primera vez, los ingresos reales de los trabajadores han subido menos que los incrementos promedio de la productividad (EE. UU., Alemania y Japón). En consecuencia, la participación de las ganancias en el ingreso nacional ha aumentado enormemente (del 7% en el 2001 en EE. UU. al 13% en el 2006). La pérdida relativa de los trabajadores es aún mayor si se toma en cuenta que dos subgrupos de trabajadores han visto mejorada su posición relativa: los grandes ejecutivos y los menos calificados. Esto se expresa políticamente en llamados al proteccionismo, en particular de parte los sindicatos en los países ricos. Cabe el riesgo de que estos países caigan en la tentación a la que sucumbió el emperador chino Qian-long cuando anunció, en 1793, que su país no necesitaba “manufacturas foráneas”, con lo cual precipitó la caída económica china. Renunciar a la globalización equivaldría en realidad a retrasar aún más el crecimiento del ingreso de los trabajadores. Mercados flexibles. Para aprovechar la globalización, las economías deben ser capaces de reasignar sus recursos hacia bienes y servicios de alto valor agregado, lo cual requiere, entre otros, la flexibilidad en los mercados laborales y de bienes, facilitar la transición hacia nuevas actividades y mejorar la educación y el entrenamiento. Pero también demanda una atención central al tema distributivo y la consecuente revisión del sistema de impuestos y beneficios, pues de lo contrario, podría ser imparable el retorno al proteccionismo. Mientras tanto, nuestro país se debate en dudas existenciales sobre la apertura externa (TLC) y la ruptura de monopolios; carece de un marco de incentivos a las inversiones (posterior a las zonas francas); no arrancan las concesiones; se exporta parte del escaso ahorro; no se define el sistema tributario; y el gasto redistributivo carece de eficacia y eficiencia en la consecución de objetivos muchas veces pobremente definidos. La historia no espera ni perdona la indefinición en tiempos de cambio acelerado.
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