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En Vela Julio Rodríguez envela@nacion.com Generalmente, un cambio supone reconquistar el genio de la lengua, restaurar el vocabulario, extraer del baúl del lenguaje una serie de palabras en desuso, más que echar mano de neologismos o de barbarismos para disfrazar o enmascarar, con vocablos rimbombantes, la pobreza de conceptos. No pocos han hecho fortuna con palabras solemnes, de moda o “difíciles” o con giros “originales”. Ganan en mercadeo lo que pierden en comprensión. ¡Pobres los estudiantes que caen en las garras de estos expertos nominalistas! ¡Qué estafa y cuánto daño! Una de las causas principales, reveladora de otras causas, de la devaluación de nuestro sistema educativo ha sido precisamente esta: el abandono de las palabras claves, de los grandes referentes y con ellas de los conceptos motores, de los valores nutricios, que, a lo largo de la historia, han fecundado la formación de las personas y de los pueblos. Hace muchos años, aventamos estas palabras, conceptos y valores. Aún más, su sola mención suele ser motivo de burla o desdén. Y la des-educación contaminó, obviamente, la política. Bueno, esta introducción tan conservadora, tan “ retro”, tan políticamente incorrecta, tiene que ver con el reportaje de ayer de La Nación, tomado del informe Estado de la nación, cuyo solo título habrá, de seguro, suscitado risa y hasta compasión en ciertos sectores “de avanzada” de Costa Rica. Dice así el titular de la información: “Rigurosidad y liderazgo impulsan colegios al éxito”. Se trata de los factores caracterizadores de ocho de los mejores colegios del país, tanto públicos como privados. Se nos dice, de sopetón, que esos factores son la rigurosidad en la enseñanza, el liderazgo y autoridad de los directores, el sentido de excelencia, la planificación, los procedimientos claros y sistematizados, la disciplina, la comunicación entre padres y profesores, la promoción de buenos hábitos y, obviamente, algunas condiciones de equipamiento básicas. Sobresalen, de una manera particular, ciertos valores esenciales como la responsabilidad, el respeto, el orden, la amistad y el coronamiento de la guía de la razón. Demos un salto inevitable. El distintivo de la sociedad actual mundial es el nihilismo que el propio Nietzsche definió como “la desvalorización de los valores supremos”. Esta tenebrosa “música del futuro”, como la llama G. Reale, nos encamina hacia la catástrofe. La restauración (verdadera revolución espiritual) de la educación y de la política, presididas por las palabras y los conceptos apropiados, son dos de las pocas salidas que tenemos. Esto no es jugando.
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