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Barbas en remojo Armando González agonzalez@nacion.com El Congreso de los Estados Unidos estudia un proyecto de ley destinado a renovar, por un período de seis meses prorrogables hasta un año, el convenio de preferencias arancelarias andinas, conocido como ATPDEA por sus siglas en inglés. Los últimos seis meses de prórroga beneficiarán a Perú y Colombia mientras llevan a buen término sus tratado de libre comercio con Estados Unidos, pero no serán aplicables a Ecuador y Bolivia, que perderán las ventajas arancelarias a partir del 1.° de julio. El ATPDEA, similar a nuestra Iniciativa para la Cuenca del Caribe (CBI), es un conjunto de beneficios otorgados unilateralmente por Estados Unidos a los países andinos para estimular sus exportaciones. La nueva ley es polémica. Muchos verán en ella una presión indebida sobre los gobiernos de Rafael Correa y Evo Morales, ambos críticos del papel estadounidense en el mundo. Otros preguntarán por qué Estados Unidos debe otorgar ventajas a dos países alineados con el proyecto político de Hugo Chávez, sobre todo si rechazan la oferta de institucionalizar las relaciones comerciales por medio de un tratado. Pero más allá de la polémica, es indiscutible que Estados Unidos puede retirar sus concesiones unilaterales en el momento en que le parezca conveniente, y lo que vale para el ATPDEA vale para la CBI. Costa Rica debe tener esa experiencia en cuenta a la hora de decidir si le conviene someter sus relaciones comerciales con los Estados Unidos al marco jurídico creado por el CAFTA o si prefiere confiárselas a la buena voluntad del país del Norte. La opción se perfila con claridad entre un régimen legal creador de derechos y obligaciones, o uno de concesiones unilaterales supeditadas al clima político. Estados Unidos representa poco menos de la mitad de nuestro comercio exterior y buena parte de la inversión extranjera. Pocos niegan la importancia de la CBI en nuestra economía. Aun los opositores al TLC se proclaman convencidos de la continuación del programa y argumentan que el tratado es innecesario porque ya tenemos acceso al mercado estadounidense por medio de la CBI. La paradoja es exquisita: los principales críticos de Estados Unidos, cuyas voces se alzarán en defensa de Ecuador y Bolivia, no tienen reparo en pedirnos confiar la salud de nuestra economía a la buena voluntad de ese país.
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