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Disparo accidental de carabina acabó con niño Padre tuvo a hijo agónico entre sus brazos 30 minutos sin poder hacer nadaNiño trajo el arma para ahuyentar a un tigrillo que devoró a varias gallinas Jorge Umañay Otto Vargas M. ovargas@nacion.com Surtubal, Turrubares. La vida de un niño de 12 años se apagó ayer al recibir, de forma accidental, una bala de carabina en el abdomen. Con esa arma, Juan Daniel Castro González (la víctima) pretendía que su padre ahuyentara al tigrillo de montaña que en los últimos días devoró a varias de sus gallinas.
La familia sospecha que el menor de los hermanos –un niño de 8 años– accionó el arma, con tan mala fortuna que impactó a Castro. Eso ocurrió a las 10:30 a. m. en la finca agrícola que cuida Jorge Castro López, el padre del menor. “Mi esposa y algunos de mis hijos nos ayudaban a preparar unos tamales. En eso el perro comenzó a ladrar. “Desde hace algunos días ha venido un tigrillo. Juan Daniel dijo que iba a traer la carabina para espantarlo. La dejó en la mesa de la cocina”, contó el señor. Advertencia. Los padres escucharon al niño advertirle a su hermano menor que se mantuviera alejado del arma, pues estaba cargada. Apenas segundos después oyeron una detonación. “A Daniel lo encontramos en el suelo. La Cruz Roja nos recomendó mantenerlo sentado para que no tuviera problemas al respirar. “Lo alcé y lo llevé hasta la cama. Lo sentamos con ayuda de unas almohadas”, relató el padre. Ahí entre sus brazos el señor vivió la agonía del pequeño. La ambulancia más cercana –estaba en Orotina– tardó más de 30 minutos en llegar hasta esa comunidad. En principio lo declararon fallecido, pues a su llegada carecía de pulso y de respiración. Empero, paramédicos de Vigilancia Aérea (Ministerio de Seguridad Pública) batallaron otros 20 minutos por revivirlo. Lucha. El paramédico Ricardo Hernández está convencido de que, de haber ocurrido el accidente en la ciudad, el niño habría sobrevivido. “La bala entró a una pulgada del ombligo y dañó estructuras anatómicas por las que circula mucha sangre. Eso produjo hemorragias internas grandes”, indicó. Con ayuda de máquinas y a sabiendas de que atendían a una persona joven, los paramédicos lucharon por estabilizarlo. “Hubo momentos en los que parecía que iba a generar pulso. Partimos de que era un corazón joven. Lo ventilamos, le dimos masaje y le suministramos líquidos, pero no respondió”, señaló. Juan Daniel Castro acababa de concluir el sexto grado en la escuela de Surtubal y esperaba ilusionado su graduación, el 20 de diciembre. El niño era el quinto de siete hermanos. Los padres llegaron a esa comunidad hace 15 años, provenientes de Cabecera de Carara, Puntarenas. En la finca vivían desde hace un año. Ayer el abuelo del niño, Misael González, lo buscó para pedirle que lo acompañara la finca. “Todos los días se iba conmigo, pero hoy (ayer) me dijo que no por ser el día de la Concepción de María. Me dijo que lo dejáramos para mañana (hoy). Lo que duele es que uno nunca espera una muerte así”, concluyó.
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