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¿Confites en el infierno? La economía puede ser exitosa, y la sociedad estar muerta de miedoFernando Araya consulfe@hotmail.com Una economía saludable desde la perspectiva de sus indicadores de producción, fiscales y monetarios, no implica que la sociedad donde eso ocurre también lo sea, ni tampoco que se encuentre a las puertas del desarrollo. Si el desempeño exitoso de los sistemas productivos acontece en un país donde la pobreza se estanca, la desigualdad aumenta, los servicios públicos son ineficientes y de poca calidad, la impunidad, la criminalidad y la corrupción se extienden y cientos de miles de infantes, adolescentes y jóvenes son excluidos de los sistemas educativos, es inevitable preguntar: ¿no padece esa economía la ausencia de un Estado y un Gobierno que funcionen bien; es decir, con capacidad para resolver asuntos cotidianos y decisivos como la inseguridad ciudadana, la calidad de los servicios que ofrecen las instituciones, la deserción en escuelas y colegios, la tramitología excesiva o el deterioro de la infraestructura vial? El subsistema económico puede ser exitoso, pero, en ausencia de un buen Gobierno y de un mejor Estado, no habrá crecimiento capaz de generar paz, bienestar y verdadera evolución. Los indicadores cuantitativos, en tal caso, mal disimulan a una sociedad prisionera en exclusiones, impunidades, secuestros, asesinatos, robos, mafias, mediocridad, prostitución infantil y enclaves de la droga. Diagnóstico Opphenheimer. Correlacionar la competitividad económica con la competitividad social en salud, educación y cultura, por ejemplo, es fundamental a fin de evitar que entre nosotros se cumpla lo que Andrés Oppenheimer señala en Cuentos chinos: el engaño de Washington, la mentira populista y la esperanza de América Latina: “Los nuevos edificios de lujo en cualquier ciudad latinoamericana –escribe– ya no solo vienen con su cabina blindada de seguridad en la entrada, con guardias equipados con armas de guerra, sino que tienen su gimnasio, cancha de tenis, piscina y restaurante dentro del mismo complejo, para que nadie esté obligado a exponerse a salir al exterior… los ejecutivos latinoamericanos viven en castillos fortificados, cuyos puentes… se bajan a la hora de salir a trabajar por la mañana, y se levantan de noche, para no dejar pasar al enemigo… la pobreza, la marginalidad y la delincuencia están erosionando la calidad de vida de todos los latinoamericanos, incluyendo a los más adinerados”. Interpreto a Opphen- heimer: la economía puede ser exitosa, pero la sociedad estar muerta de miedo. Crecimiento y desarrollo. Para que los indicadores económicos no sean confites en el infierno, deben cubrirse las relaciones entre economía, solidaridad y ética. Conviene, a este respecto, que en los sistemas educativos se interioricen dos ideas básicas: la ética rentabiliza, la rentabilidad es ética, la solidaridad es un buen negocio, los negocios son solidarios. Recuérdese que “el desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico…” y significa “…tanto el progreso social como el aumento de la economía…” (Pablo VI), la producción no puede olvidar la “…dimensión social, cultural y espiritual del ser humano…” (Juan Pablo II), por eso la “…economía” cumple “…mejor su misión combinando las razones basadas en la evidencia con los propósitos extraídos del corazón…” (Paul A. Samuelson). Dinamizar, entonces, los sistemas productivos sobre la base de economías de mercado sólidas y globalizadas, avanzar en el acceso de calidad a la educación, la ciencia, la tecnología, la salud, la cultura y la seguridad, reducir la marginalidad, impunidad y criminalidad, desarrollarse al margen de las ideologías y con un sentido pragmático; en definitiva, mercados, buen Gobierno, buen Estado, universalidad de las oportunidades e integralidad de los enfoques, con el propósito precisamente de evitar la pesadilla de una economía opulenta en una sociedad subdesarrollada, violenta y decadente.
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