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Vida espiritual Mauricio Martínez S. mmartinez@nacion.com Sucedió en una misa organizada para celebrar el final del curso lectivo de los bachilleres en un colegio privado de profunda extrac- ción católica. Los muchachos y padres de familia invitados fueron citados con una hora de antelación. A la hora convenida, en el templo solo había un 50 por ciento de los futuros bachilleres, algunos de los cuales, pese a que fueron notificados previamente por escrito, llegaron sin el uniforme. Lástima por los que no asistieron porque durante la celebración religiosa hubo dos momentos simbólicos para esos jóvenes que están a las puertas de una carrera universitaria. Ante un auditorio tan heterogéneo, complejo y con ciertas dosis de rebeldía, propias de la época juvenil, el sacerdote Guillermo Guillén habló a través de parábolas y frases puntuales, desprovistas, si se quiere, de esa carga religiosa que muchas veces aleja a nuestros muchachos. Les pidió vivir intensamente cada momento, el presente, sin preocuparse por el pasado ni afanarse por el futuro. Fue claro en que esa experiencia, que llamó “vida espiritual”, debe ser transparente, agradecida, honesta y sin descuidar al prójimo. Esa es la clave para vivir correctamente. Lo que hagan debe estar desprovisto de aspavientos y prepotencia, pero con un alto grado de solidaridad. El momento de las ofrendas también fue significativo pues, además del pan y el vino, los jóvenes desfilaron con varios artículos inusuales, pero representativos de su edad o sus aspiraciones. Así, entre otros elementos, pasaron un balón de futbol (los muchachos son altamente competitivos y ven en el deporte una veta para su desarrollo personal), una guitarra (la música también fortalece el espíritu) y unas pinturas y un pincel (los nuevos bachilleres son dueños de su destino y pueden “pintarlo” como mejor les parezca). Sin duda, el llamado a una “vida espiritual” y el mensaje transmitido a través de los curiosos artículos dejaron en el auditorio un grato sabor de boca. Lástima por los ausentes. Pero valga este momento para recordarles a miles de futuros universitarios la necesidad de fortalecer el intelecto, ayudar a los semejantes y mantenerse alerta ante una sociedad peligrosamente secularizada y hedonista. Esa es la llave al éxito.
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