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Hombre asesinado a balazos en Alajuelita Otto Vargas M. ovargas@nacion.com Un desolado camino del cerro San Miguel, en El Llano de Alajuelita, fue el sitio que escogieron desconocidos para acabar con un hombre, a quien dispararon varias veces. La víctima –anoche no estaba identificada– yacía junto a unas piedras, en una curva de calle La Chanfaina. Junto al cadáver las autoridades encontraron varios casquillos de un arma 9 milímetros. Vestía jeans, una camisa blanca (con camiseta negra debajo) y tenis blancas. Crimen. El martes, a eso de las 11:30 p. m., el guarda de un mirador escuchó varias detonaciones. La Policía estima que el crimen fue cometido por más de una persona. “La víctima es una persona muy corpulenta (mide más de 1,80 metros). Para un solo hombre enfrentarlo hubiera resultado muy difícil”, comentó Marvin González, de la Fuerza Pública. Carlos Vargas, guarda de una construcción, encontró el cadáver ayer pasadas las 5 a. m. “No escuché disparos. En la mañana, al levantarme, vi un bulto. Me acerqué como a unos dos metros y vi a una persona ensangrentada. “No es alguien de la zona; nunca lo había visto por acá”, puntualizó el testigo Vargas. La noche anterior el conductor José Arturo Cerdas ayudó a una persona que a eso de las 7 tuvo problemas con su moto. “Le recomendé que se tirara por esta cuesta (calle La Chanfaina) para que la encendiera. A esa hora no había nada (no estaba el cuerpo) en ese lugar”, relató. El fallecido tampoco correspondía a la persona a quien prestó auxilio esa noche. Ese trayecto, que comunica El Llano de Alajuelita con Escazú, ha sido utilizado por asesinos como un “cementerio”. Los vecinos dijeron sentir mucho temor. Crímenes. El 15 de noviembre de 1998 un joven arrojó en esa ruta el cadáver del holandés Owen Williams, a quien su esposa –descuenta 25 años de cárcel– ordenó matar. Dos meses más tarde, a escasos 200 metros apareció el cadáver de Rebeca Acuña Alvarado, una joven adicta al crack a quien un taxista disparó en la cabeza. Otro hallazgo –ocurrido a un kilómetro de donde tuvo lugar el asesinato de Acuña– se registró a mediados de agosto. En ese sitio desconocidos dejaron el cadáver de la enfermera Karla Segura Flores, de 32 años. A la víctima, con cuatro meses de embarazo, le dieron 12 puñaladas y la degollaron. El asesino le desgarró el pantalón y la ropa interior.
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