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/LA NACIÓN

El circo habanero

La imaginaria reacción de tres soneros cubanos ante el no-cumpleaños de Fidel Castro

Eduardo Ulibarri


La Habana fue en días recientes un extraño circo. Centenares de invitados llegaron para celebrar, con varios meses de atraso, los 80 años de alguien que nunca apareció, y se fueron sin oírlo ni verlo ¿Existirá aún?, se preguntaron los malpensados.

Para demostrar la “fuerza” del régimen, el militarismo desempolvó su parafernalia de la Guerra Fría: tanques y lanzacohetes de antigua factura soviética recorrieron las calles capitalinas, tras saludar al heredero designado.

Y, en medio de las “galas”, coloquios y consignas, resonaron algunas frases que retratan la esencia del no-cumpleaños de Fidel Castro.

Frente a ellas (citadas textualmente más abajo) se podrían ensayar amplias reflexiones. Pero, para ser consecuentes con el sainete habanero, mejor imaginar cómo respondería un pícaro trío campesino, improvisando a ritmo de son en cuatro apariciones:

Primera aparición. En la inauguración de los actos, el miércoles 29 de noviembre, el maestro de ceremonias lee en el teatro Carlos Marx un mensaje atribuido a Fidel Castro:

“Al dirigirme a ustedes, a personalidades prestigiosas del mundo, estaba ante un dilema. No podía reunirlos en un pequeño local; sólo en el teatro Carlos Marx cabían todos los visitantes y yo no estaba en condiciones, según los médicos, de afrontar tan colosal encuentro. Opté por la variante de hablarles a todos utilizando esta vía”.

Los soneros, incrédulos, responden:

Tu ausencia de hoy como actor,

arrogante coma-andante,

no es por orden de un doctor.

Por favor, no seas farsante.

La falta de tu presencia,

como tanto se comenta,

es porque en el hospital

que tienes por residencia

una señora crespona,

ha alborotado el panal,

con fuerte actitud mandona.

Su nombre son varios nombres,

pero aquí entre los soneros

la llamamos La Pelona.

Segunda aparición. Frente a los periodistas que lo siguen, el escritor Gabriel García Márquez, visitante frecuente de su mansión habanera, enarbola una frase de dudosa originalidad:

“Lo que más me alegra es haber venido a los 80 de Fidel Castro, y después vendré a su centenario”.

El trío enmudece ante el absurdo, pero reacciona con rapidez:

¡Oh, iluso y mágico Gabo!

¿Dónde está tu realidad?

Por favor, ponle cuidado

a nuestra simple verdad,

que te queremos cantar

con sentimiento muy hondo:

tus años son solo dos

menos que los de Fidel.

Y cuando él cumpla los cien,

quieto y mudo en lo muy hondo,

tú sumarías tantos ya,

que tendrás que reposar

en tu asilo de Macondo.

Tercera aparición. Serio y solemne, desde la tribuna de la “Plaza de la Revolución”, Raúl declara en un mensaje leído tras revisar tropas y chatarra militar soviética:

“Sirva la oportunidad para nuevamente declarar nuestra disposición de resolver en la mesa de negociaciones el prolongado diferendo entre Estados Unidos y Cuba”.

Los soneros se enojan y puntean:

Es el colmo, comandante,

que en este prefuneral

vengas a comunicar

una frase tan chocante

Abre tus ojos y oídos

para evitar la desgracia:

la única negociación

que todos necesitamos

no tiene nada que ver

con los norteamericanos.

Es sobre la democracia,

que exigimos los cubanos.

Cuarta aparición. Palabras de Marco, estudiante de sociología cubano, citado por el periódico francés Le Monde en su edición del sábado 2:

“A veces, en la antigüedad, se organizaban juegos circenses cuando el emperador moría; para mí, esto es nada más que un mecanismo de distracción para que la gente no reflexione”.

El trío cambia de ánimo y entona su última trova:

Querido joven cubano:

tienes toda la razón.

Nos quisieron distraer

y crearnos confusión.

Pero ya pudimos ver,

escondida en el guión,

una verdad que le zumba,

y es que este régimen va

derecho para la tumba.

Aún es difícil saber

cuándo ni cómo será.

Mas este trío campesino,

atento al acontecer,

ya está listo para hacer

de sus sones una rumba.

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