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EDITORIAL

¿Cuál rumbo en Venezuela?

La victoria de Chávez fue legítima, pero sus intenciones son inquietantes
La democracia, aunque viva, enfrenta múltiples riesgos y debilidades


Hubo algunos incidentes y reclamos, dudas iniciales sobre el sistema de votación y una campaña en la que el aparato estatal se volcó abiertamente a favor de las pretensiones de reelección del presidente Hugo Chávez. No en balde Mónica Frassoni, jefa de la misión de observadores electorales de la Unión Europea, se quejó de “problemas persistentes durante la campaña, como la fuerte campaña institucional puesta al servicio” del gobernante. Aún así, los comicios del pasado domingo fueron razonablemente honestos, y la contundente victoria oficialista revela un mandato legítimo conferido por la mayoría de los venezolanos. Según los últimos datos, Chávez obtuvo, en números cerrados, el 63% de los 7.161.637 de votos emitidos, contra el 37% del opositor Manuel Rosales, quien no dudó en reconocer la victoria de su contendor pocas horas después de cerrarse las urnas.

Es decir, el proceso cumplió con las normas mínimas de la democracia. La gran pregunta, sin embargo, es qué ocurrirá a partir de ahora: si, efectivamente, como manifestó Chávez ayer, al ser proclamado presidente electo, “Venezuela seguirá, en esta nueva era que comienza de gobierno revolucionario, gozando de las más amplias libertades de participación, de opinión, de pensamiento, de expresión”, o si, más bien, aumentará su control autoritario sobre los ciudadanos y las instituciones. De su respuesta dependerá el futuro del país y sus precarias garantías y libertades.

Los hechos ocurridos desde que, en 1998, Chávez alcanzó por primera vez la Presidencia, y luego, tras la “Constitución Bolivariana” de 1999, fue elegido en el 2000 para un primer período de seis años, no llaman a mucho optimismo. El país, ciertamente, ha seguido disfrutando de múltiples libertades públicas y de derechos fundamentales (entre ellos el de propiedad privada). Sin embargo, las garantías institucionales que los amparan son débiles, y el Ejecutivo, desde dentro o fuera del aparato del Estado, ha venido reduciendo los ámbitos de independencia de los otros poderes (Judicial y Legislativo) y de múltiples sectores sociales. Por ejemplo, existe una ley que otorga una enorme capacidad de control al Gobierno sobre el contenido de los medios de comunicación, especialmente radiales y televisados. A la vez, se ha venido reforzando a las Fuerzas Armadas, incluyendo un contrato por miles de millones de dólares para comprar armamento a Rusia, y creando “milicias” bajo el mando directo del Presidente.

Todo lo anterior implica que tanto la democracia como las libertades viven en un ambiente sumamente vulnerable y que, en mucho, dependen de la voluntad unipersonal de Chávez, lo cual es, en el mejor de los casos, inquietante y, en el peor, puede dar paso a un cierre aún mayor del puño autoritario. Como muestra de sus intenciones, por ejemplo, ya anunció dos propuestas perturbadoras: una, reformar la Constitución para permitir la reelección indefinida; la otra, aglutinar en un solo partido todas las fuerzas políticas que lo han apoyado.

Su margen de maniobra, sin embargo, no es ilimitado. Por una parte, los casi cuatro millones de votos alcanzados por una oposición aglutinada alrededor de Rosales, no pueden ser desconocidos, sobre todo si sus grupos constituyentes logran mantenerse unidos. Según encuestas recientes, un 80% de la población rechaza un “modelo” al estilo castrista. La popularidad del Presidente proviene más del uso discrecional de los ingresos petroleros (que pueden reducirse si continúan bajando los precios internacionales) que en un proyecto ideológico o una propuesta institucional. Y mucha de su legitimidad ha descansado, hasta ahora, en el respeto básico a normas democráticas.

Pero, a pesar de esos límites y de la ambigüedad de su mensaje, el riesgo de autoritarismo es sumamente alto, y el hecho de que la victoria de Chávez haya sido incuestionable no debería llevar a que los demócratas de todo el mundo se olviden de la suerte de los venezolanos.

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